Todo comenzó en 2015, en aquel momento yo tenía 16 años y mi adolescencia fue cañera… Empecé a fumar porros y a beber muy pronto y mucho. Tenía problemas en la familia, en casa, en el colegio… Estaba enfadada con la vida y parecía que todo me daba igual. Pues ese mismo verano de 2015 dije que iba a ser el verano de mi vida, que iba a darlo todo y que cuando llegara septiembre no volvería a fumar porros nunca más. Y así lo hice.
Tuve un verano inolvidable, de fiesta en fiesta, en mi pueblo, luego en mi ciudad, discotecas, playa, sexo… Hice lo que quise y más y realmente lo disfruté muchísimo. En Agosto me fumé mi último porro y empezó el curso; la vuelta a la normalidad. Y ahí fue donde todo dio un giro total… Me surgieron muchos miedos, cada vez que entraba a un autobús sentía que me moría… Esto siguió creciendo y yo no se le decía a nadie. Me sentía alejada de todos, todos seguían con esa vida de desfase adolescente y yo sentía que nadie me iba a poder entender, que me estaba volviendo loca. Hasta que un día le dije a mi madre que necesitaba ir al psicólogo y ese primer psicólogo me dijo: Tranquila, no te estás volviendo loca, es ansiedad.
A resumidas cuentas no fue bien con ese psicólogo, ni con la siguiente psicóloga, ni con la siguiente… eran todos unos cantamañanas que se forraban creando más y más miedos a la gente. Gracias a la vida más adelante conocí a distintas profesionales que me hicieron reconciliarme con su profesión y valorar lo necesaria que es. Pero eso fue más adelante.
Llegué a un punto en el que me daba miedo hasta salir de casa, a mí, que siempre he sido una chica extrovertida, independiente, con ganas de volar lejos, conocer, descubrir…. A mí. No lo podía soportar sentí que esto no era vida, que no quería vivir así. Y comenzaron a venirme pensamientos intrusivos que me atemorizaban «¿Y si un día no puedo más y me corto las venas? No puedo estar nunca sola en casa.» «¿Y si voy caminando y para cuando me dé cuenta me ha dado un impulso y he saltado por el puente? O peor, a las vías. Y si me desmayo y me abro la cabeza y muero desangrada?? Y si me desmayo justo en un paso de cebra y me atropellan? Y si? Y si? Y si? No puedo estar nunca sola en la calle.» Y así continuamente, una cosa tras otra. No podía comer, me daba miedo ahogarme. No podía dormir, me daba miedo morirme. No podía nada. Sentía que yo misma me estaba arrebatando mi propia vida y solo tenía 18 años, esa edad que con tantas ansías había esperado… Continuaré mañana.