Hace un tiempo de esta historia, pero después de pensarla mucho a solas, me gustaría compartirla con alguien, pese al miedo a ser juzgada. Creo que me he mantenido callada suficiente tiempo. Cuando dejé a mi ex, nadie entendía nada, supuestamente nuestra relación era buena y ya teníamos una edad propicia para formalizar. Y de repente, rompí todo y nuestra relación se deshizo como un castillo de naipes. Nunca conté el verdadero motivo de la ruptura.
Cuando conocí a Marcos, obviamente no percibí nada. Era más bajo que yo, pero yo soy una mujer bastante alta y grande. Sé que nada tiene que ver con la orientación sexual, pero lo que creo es que le hacía sentir un poquito inferior en ciertas situaciones. Él es un hombre con mucha vida pública.
A nivel sexual estaba muy satisfecha al principio. Poco a poco, dejó de prestarme tanta atención. Él lo relacionaba con la cantidad de viajes que tenía y su estrés laboral. Su vida giraba en torno a las mujeres. Su madre, que es su mayor fan, su secretaria con la que llevaba años trabajando y luego conmigo, que empezó a tratarme como una segunda secretaría y colaboradora de proyectos. Empecé a detectar cosas que me parecían extrañas, como por ejemplo, que me decía piropos sobre mi aspecto físico pero como si lo hiciese una amiga “tienes un cabello fantástico”. No desde el deseo masculino.
Se puede decir que hicimos una inversión de roles. Hoy en día no es tan extraño, pero era yo la que me sentía extraña. Empecé a percibir que su admiración por mi trabajo a veces parecía más competitividad que otra cosa. Y después, sentía que esperaba de mí que lo cuidase, que lo protegiese pero sobre todo que lo admirase. En ese afán yo comencé a sentirme desprotegida. Esto lo relacioné con la relación tan estrecha y el vínculo de dependencia absoluta con su madre. La relación poco a poco empezó a convertirse en una transacción laboral con momentos de alta toxicidad. Aquello no era amor, pero éramos personas que teníamos mucho en común y, por supuesto, le acompañaba en sus apariciones públicas.
Aun así dejé pasar un poco el tiempo. Entonces Pedro empezó a trabajar en nuestro proyecto. Pedro era un jovencito atractivo y con muchas ideas creativas, inquieto. A veces Pedro tonteaba conmigo, pero nada serio. Marcos no se celaba en absoluto. Poco a poco empecé a observar a Marcos cuando estaba Pedro, notaba “una energía rara”, le prestaba atención, se mostraba entusiasmado cuando él estaba en la oficina y “llamaba mucho la atención cuando él estaba presente”. Me hacía sentir la ayudante. Entonces, empecé a tener esos pensamientos sobre su orientación sexual. Recuerdo verlo dormido, en una posición muy femenina. No sé… entiendo que no tiene nada que ver con la orientación sexual pero no podía evitarlo. Tenía una intuición.
Entonces, mi novio me invitó a una fiesta de disfraces. Marcos esa noche se vistió de mujer, la verdad es que estaba radiante con mi ropa. Cogió un vestido de mi armario, mis medias y unos zapatos de plataforma. Contrató a una maquilladora, se puso una peluca rubia de pelo natural y mi perfume. Aquella noche no conocía a Marcos, pero él estaba radiante y feliz. ¡Era la reina de la fiesta!
Esa noche yo me fui antes para casa, me encontraba un poco revuelta. Cuando Marcos llegó a casa más tarde, recuerdo que había bebido. Esto que voy a contar sé que para nada tiene que ver con la orientación sexual, pero nunca lo he contado antes y creo que necesito hacerlo. No se deshizo del todo de la ropa femenina para meterse a mi lado en mi cama. Yo me hice la dormida. Al cabo de media hora aproximadamente, intentó darme la vuelta sin pedirme permiso y mantener relaciones por detrás. Aquello me pareció muy raro. Le pedí que parara en varias ocasiones, y vaciló. Hubo un momento en el que me pareció excesivo, raro y violento. Esa actitud era nueva, pero sobre todo el hecho de no querer verme la cara, solo girarme como para convertirme en otra persona. Me decía cosas raras al oído que ya he borrado de mi mente. Lo tenía como una lapa en mi espalda. Y pese a que soy grande, sentí que era fuerte.
Esa noche no pegué ojo. Se pasaban por mi cabeza flashbacks de Marcos bailando con las plataformas, de Marcos llamando la atención de Pedro y aquella noche tan desagradable. Me di cuenta de que en realidad no lo conocía. A la mañana siguiente Marcos actuó como si nada hubiese pasado y me pidió que lo acompañase a un evento. Recuerdo que me inventé una gastroenteritis y al cabo de poco tiempo, lo dejé.
Dos semanas más tarde, recibí una caja de regalo. Eran unos zapatos preciosos y carísimos de fiesta. Con la misma los metí en la caja y me deshice de ellos y de todo. No sentí dolor al dejar esa relación, solamente liberación.
Creo que me ayudaría saber si a alguien le ha ocurrido algo así antes. Si esa intuición fue real y cómo lidiaron con la situación. Gracias por leerme.
