Siempre he querido irme de crucero con mi amor, vivir esos atardeceres en cubierta, la brisa marina, el champán… pero nunca se dio la ocasión. Básicamente porque todas las parejas que he tenido han sido unos muermos de campeonato. Así que, visto el panorama, y ya que en la actualidad estoy soltera y sin compromiso, he estado haciendo cálculos para irme sola. Quiero ir a los Fiordos Noruegos, pero resulta que viajar sola sale mucho más caro que ir en pareja. Injusticias de la vida.
Pero no me pienso rendir. Soy una mujer fuerte, empoderada y autónoma que sabe lo que quiere. Por eso he tomado una decisión: voy a poner un anuncio en una aplicación de citas y os lo vengo a contar. Busco un caballero próspero y generoso que me «adopte» para un crucero de siete días. Durante esa semana, seré oficialmente “su señora” de crucero.
El trato es sencillo: el crucero lo paga él, claro. Yo, a cambio, prometo intentar no hacer demasiadas fotos para mis amigas diciendo “mirad dónde estoy” para no agobiarlo; a no ser que él necesite fardar, entonces me dejo hacer todas las fotos que haga falta. También me comprometo a comer todo lo posible del buffet para amortizar bien el viaje. Soy una mujer responsable.
¿Y qué soy también? Cariñosa. Prometo abrazos fuertes, besos tiernos y pasear de la mano. Dejo la puerta abierta a que surja algo más, aunque remarco que este punto no es de obligado cumplimiento; solo pasará si ambos estamos de acuerdo. Soy de conversación agradable y tengo gracia contando chistes, pero también sé escuchar (o hacer ver que escucho, que para el caso es lo mismo).
Aclaro que no soy exigente. No me importa que sea calvo, bajito o que tenga barriga de programador senior. Lo importante es que posea espíritu aventurero… y una tarjeta que funcione correctamente. Además, he visto que hacen fiestas de los noventa. Imaginaos: cubierta, música de Aqua y yo bailando como si tuviera diecinueve años. Os aseguro que es un espectáculo digno de ver.
No veo fallas en mi plan. ¿Qué podría salir mal? Eso sí, haré una nota a pie de anuncio advirtiendo que, si el barco se hunde, la tabla es para mí. Rose ya nos dejó claro que no había sitio para dos.
