Hay un meme de Internet que lo dice claro: «cuenta tus penas y recibirás cientos de mensajes de apoyo. Cuenta tus alegrías y te felicitarán dos, o tres». Vivimos en un mundo en el que reírse se ha convertido en un arma muy peligrosa y donde la amabilidad se entiende como sinónimo de buscar algo a cambio.
Te cuento la historia de una pareja de amigos que sigue muy sorprendida por lo que le pasó. Ellos llevan más de 20 años casados, pero el día de su aniversario apuestan siempre por merendar en la cafetería en la que comenzaron a salir. Aquello era antes una especie de viaje kitsch a los años sesenta. El color predominante era el naranja butano, los asientos parecían los de los antiguos trenes de cercanías y las meriendas giraban en torno a los bocadillos y las hamburguesas. Una nebulosa con olor a fritanga llenaba un ambiente aderezado por el sonido del futbolín y de la maquinita para matar marcianos.
La llegada del euro supuso que el dueño cambiase el concepto y convirtió el local en una cafetería. Hace unos cinco años, se pasó al café de especialidad, los rollos de canela, una decoración perfecta para triunfar en Instagram y unos precios un tanto elevados. La hija del dueño, ya jubilado, conoce a mis amigos desde siempre y les hace un precio especial cada vez que van. A lo que iba. El día de su aniversario organizan una merienda los dos solos y siempre hay algún detalle por parte de la casa como una pequeña tarta, una tarjeta, o algo similar. No hay espectáculo, ni globos, ni molestias al resto de clientes, solo un gesto para reforzar su relación.
El año pasado organizaron todo como era habitual y al llegar comprobaron que había mucha gente. Esperaron su turno, se sentaron en una mesa y la camarera que fue a atenderles les llevó una tarjeta para felicitarles por su aniversario. Se tomaron un café con un trozo de tarta cada uno y cuando fueron a pagar les dijeron que ya estaba pagado. Preguntaron que quién había pagado la cuenta y les dijeron que la señora que está ahí esperando el autobús.
Se fueron hasta la parada para preguntarle por qué les había invitado y ella les dijo que «he visto la tarjeta de la camarera y es vuestro aniversario. Conocí a mi marido en este mismo lugar cuando esto era un antro demasiado moderno para nosotros. Nos mudamos a otra ciudad y como él ha muerto, he vuelto a la casa de mis padres y también a este sitio donde nos vimos por primera vez. Ha cambiado para mejor. Imagino que si celebráis aquí vuestro aniversario es por algún motivo similar. Qué mejor manera de acompañaros que invitaros a la merienda».
Los tres se abrazaron. Llegó el autobús, la señora se fue y mis amigos siguen sorprendiéndose de tanta amabilidad. Incluso pensaban que era una broma de sus hijos, o de sus compañeros de trabajo, pero no. Nunca más han vuelto a ver a la señora, pero siempre le estarán agradecidos por demostrar que la amabilidad nunca está de más. ¿No crees?
