Hiiiiii
acabo de dejar plantada a una de mis mejores citas de los últimos meses. ¿El motivo? El ser taurino. Por ahí esta menda no pasa, es lo que hay.
Mis colegas me han dicho ahora mismo que soy una exagerada pero si hay cosas con las que no puedo es con el maltrato animal, y mucho más la tauromaquia, lo siento pero no.
El tipo encima no ponía nada de eso en su perfil de tinder, claro, obviamente tonto no es y sabrá de sobra que se cierra muchas citas diciendo que le encanta ver cómo maltratan a un toro a cambio de aplausos. Me lo suelta a la media hora de cita, me pregunta qué me parecen los toros y yo le digo que son animales preciosos, y me dice que qué me parece torearlos y yo le expliqué con todo lujo de detalles el asco inmenso que me dan los toreros y el mundo de la tauromaquia en general. Por si fuera poco, se indigna, y me dice que lo estoy insultando porque él pertenece a una cuadrilla y que no tengo ni idea de lo que hablo.

Decidí pedirle que me explicara en qué me equivocaba y como me esperaba, palabras vacías. Hablar de arte uniéndolo con animales, sangre, pinchazos, espadas… Tendré yo poca idea de lo que es una corrida de toros pero lo que es, es, señoros en teoría ‘valientes’ que a la mínima de cambio tienen la ayuda de una docena de personas, vamos que enfrentamiento en igualdad de condiciones no hay nunca, y además ese toro no ha decidido estar ahí.
Me levanté y le di las gracias por su clase sobre cómo maltratar y ganar dinero con ello, y después me largué. Dejé allí a un tío muy guapo, con el que podía haber hablado de un millón de cosas ya que teníamos muchos gustos en común, pero los principios por delante, y el maltrato no lo tolero bajo ningún concepto.