Reproducimos un testimonio que llega a [email protected]
Escribo esto después de ir al tercer gender reveal de este año.
Seguramente haya más de una que se sienta escocida u ofendida por lo que voy a decir, pero de verdad que pienso que se nos está yendo la olla.
No sé de donde nos viene esta tradición, seguramente de América, como todo. Saldría en alguna película o serie y ya corrimos todos como locos a repetir lo mismo. Algo así como lo que pasó con Sexo en Nueva York.
No voy a profundizar en los conflictos sociales/de crianza que esto me supone, porque sino daría para un libro entero. Pero asignarle un género (género, no sexo) a tu hijo/a desde antes de nacer, me parece, cuanto menos, casposo.
Si es niña, todo rosita, todo corazones, unicornios y purpurina. Si es niño, todo azul, pelotas de futbol y dinosaurios. Para ellas, princesas, para ellos, héroes.
Por favor, ya va siendo hora de dejar todo eso atrás y no condicionar desde antes si quiera de que lleguen a este mundo, como deben ser, vestir o pensar.
Quizás pensáis que no tiene nada que ver o que “toda la vida se ha hecho así”, pero bueno, también ha habido toda la vida juguetes de niños y de niñas, los niños no podían jugar con muñecas o llorar y las niñas no podían ser brutas ni tener un Scalextric, y así nos ha ido.
Allá cada uno/a con su crianza, como os he dicho, no vengo a profundizar sobre eso, sino sobre como se nos está yendo de las manos la fiesta en sí.
Lo que empezó como dar una noticia en cualquier comida familiar, se ha convertido en una fiesta específica para eso. Literalmente una fiesta solo para decir si el bebé que viene es niño o niña. Pero no cualquier fiesta, sino una fiesta que parece más una boda que una revelación.
Hay que ir bien vestido, el papá y la mamá super elegantes, evidentemente. Un despliegue de globos y de mínimo un cartel, todo de dos colores, rosa y azul (por supuesto), con mensajes como “¿niño o niña?” o, si eres más internacional “boy or girl?”. Hay que llevar regalos para el futuro bebé o la pareja (no confundir con baby shower, esto será cuando falte poco para el nacimiento e implicará otro regalo) y hacer el paripé de participar en el espectáculo que hayan montado.
En el mejor de los casos, será algo “pequeño” como una piñata o una tarta, pero la mayoría de veces, lleva implicado humo.
Humo rosa o humo azul, que puede salir de pinchar un globo, de encender una bengala, de fuegos artificiales, o, como he visto en algún video, de una avioneta.
En el último en el que estuve, había hasta un videógrafo contratado para captar todo el momento. Literalmente como si fuera una boda.
Que no es por nada, pero el momento de después, es rarísimo.
Se desvela el sexo del bebé, sale el color que sea, se abrazan, se emocionan y fin. De repente todo el mundo se mira sin saber exactamente qué hacer ahora, la gente aplaude y pasa a otra cosa. Se felicita a la pareja y fin. Fiesta empezada y terminada con el mismo acto.
Por no hablar de que, precisamente porque se le da tanto bombo, parece que haya una opción buena y una mala. Como si tener un hijo/a que venga sano, no fuese suficiente. Es decir, ¿no te vas a alegrar independientemente del color del humo? Pues la respuesta es no.
Si os ponéis a mirar cualquier video, veréis enseguida que (normalmente) uno de los dos se decepciona. Aunque sea un poco y lo intente disimular y alegrarse, a alguien se le rompe la expectativa.
Y eso, me genera muchísimo rechazo. No se debería sentir “decepción” porque tu bebé no es del sexo que querías.
Es que hay hasta equipos, en el segundo Gender Reveal en el que estuve, había el “team boy” y el “team girl”, tanto en los invitados como en los padres. Al entrar elegías y te ponías una chapita. El padre quería un niño, y la madre quería una niña. El humo salió rosa, imaginaros la cara del padre, con esa sonrisa forzada de haber “¿perdido?”, como la que tienes cuando eres finalista y anuncian que el ganador no eres tú.
A parte de todo esto, no quiero ni pensar en el dineral que supone organizar algo así, el plástico que se desperdicia y el follón de recogerlo luego todo.
Creo que es una de esas cosas que está escalando sin control, cada vez nos venimos más arriba con las fiestas. Los bautizos, son comuniones. Las comuniones son bodas. Y las bodas es la final de Eurovisión. ¿Y todo para qué? ¿Para el video y la fotito?
Estoy bastante convencida de que, si no estuvieran tan extendidas las redes sociales, todo esto no hubiera pasado.
