Mira que me ha entrado todo tipo de fauna por las redes sociales (de las apps para buscar amistades y/o pareja huyo por ahora porque, seamos sinceras, con el imán que tengo para los capullos/gilis/impresentables/pervertidos (y no en el modo en que a todas nos gustaría)/caspers me parece de kamikazes intentarlo por esos lares), pero es que lo de este chico me ha dejado bastante tocada. Sobre todo porque él sabía, según fuimos profundizando en nuestras conversaciones, que yo estoy pasando por un momento familiar y personal muy jodido. Y que aparezca alguien que (para variar) te anima, te escucha, te comprende, te hace reír, estimula tu mente (sí, soy muy sapiosexual, qué le vamos a hacer), le importa una mierda que seas gorda,… Resumiendo, una persona que te hace sentir tan cómoda y tan bien contigo misma que consigue que bajes las defensas y te muestres tal cual eres: sin miedo a qué pensará de ti, sin la dichosa coraza que llevas puesta desde la primera vez que te insultaron/vejaron/acosaron. Que sientas que él también se está abriendo contigo, que es recíproco, que (¡¡Milagro!!) hay química,… Todo esto mientras intentamos ir despacio, por culpa de mis miedos e inseguridades, a pesar de que hay momentos en que traspasamos la «friend zone» sin darnos cuenta y nos reímos y reculamos, porque en el fondo algo me empujaba a dar un paso más al frente. Porque me gustaba. Sí, chicas, soy tan inocentona y tontaina que caí redondita por él. Porque además era detallista: me enviaba un mensaje nada más despertarse a las 7 de la mañana, yo era su «buenas noches», cuando salía del trabajo y llegaba a casa me enviaba otro (eso surgió por una anécdota que le conté sobre mis amigas y los whatsapps de «dime que has llegado a casa sana y salva»).
Llegué a copiar el chat entero el día antes de que desapareciera. Habíamos invertido tantas horas hablando el uno con el otro que las páginas de Word ascendían a la desdeñable cifra de 200 páginas en un par de semanas.
Y ya la puntilla: ¿quién se despide la noche antes con un «Besitos. Deseo tu cuerpo» y luego se volatiliza? Es que no había ninguna señal que indicara su falta de interés, sino todo lo contrario.
No sé, a mí estas cosas me desmoralizan tanto que me quitan las ganas de seguir intentándolo. Me voy a meter en un convento de clausura y que les den a los hombres.