El vudú, las maldiciones, el mal de ojo, todo eso funciona por algo muy sencillo: eres tú misma la que le das poder sobre ti. La teatralidad y la superstición hace que te obsesiones y te sugestiones con ello. Nadie tiene el poder de tomar el control de tu vida salvo tú. Nadie va a provocar la muerte de nadie con un «chas, chas, maldito estás».
Llevo desde los 15 años estudiando sobre estas cosas y siempre llego a la misma conclusión: no existe la magia de la Súper Pop, lo de meter nombres en el congelador o tirar canela y sal por el water es solo una manera de gastar energía y agua. Lo que existe es lo se que queda plantado en tu subconsciente y lo que haces con ello. Es muy usual que una idea se te enquiste tanto en la mente como para hacerte creer que estás maldita. A partir de ahí, empiezas a obsesionarte, a desviar tu infoque e invertir tu energía en preocuparte en vez de en ocuparte. Surge el cansancio, la niebla mental, la somatización… Y como tienes en mente la supuesta maldición, todo se debe a ella, cuando lo que ocurre es tu propio desequilibrio vital haciendo acto de presencia.
El eje sobre el que gira lo que se llama «magia» es la mente. Y no hablo de la ley de manifestación que es otra engañifa para vender cursos, hablo de condicionantes que nosotros mismos nos ponemos (como es este caso del mal de ojo) o de lo contrario, de aprovechar el lenguaje simbólico o arquetípico o determinadas liturgias, como la que te han comentado del huevo, para enfocarnos. Repetir una liturgia, tener presente un símbolo o un talismán ayuda a alinear esa «brújula mental» que está dando vueltas como una loca y no te deja centrarte.
Para algunos esa herramienta es la meditación, para otros la limpieza con el huevo. La oración, una liturgia con velas, un decreto o un mantra, un baño de descarga con agua y sal… Lo importante es que eso que hagas lo hagas con enfoque e intención para volver a alinearte y equilibrarte y lo repitas o tengas presente según necesites. No es un abracadabra, es trabajo interno. Ahí es donde está la magia, en conocernos, equilibrarnos y saber tomar las riendas cuando es necesario.
¿Lo mejor para los males de ojo? Un ojito turco, una mano de Fátima, un sello, imagen o referencia al arcángel Miguel, una turmalina… Todos simbolizan la protección y el poder personal frente a malquerencias. Úsalos como apoyo cuando, por decirlo de alguna manera, «te sientas maldita». Conecta con su significado y enfoca la mente hacia ello. Verás como vuelves a tomar el control.
Perdón por el tocho, pero creo que era necesario explicarlo bien para poder ayudarte.
Y bueno, a las escépticas que ridiculizan para sentirse superiores, algunas también creéis en los políticos, en los panfletos, en todas esas corrientes politico-sociales que son sólo otra manera de mantener los privilegios de unos pocos mientras nos exprimen a los mismo de siempre y sois felices con ello, así que, como siempre digo, que cada uno que elija su veneno.