Hace 6 meses nació mi bebé, sí, soy madre primeriza. Casi al mismo tiempo mi madre se puso enferma, de la noche a la mañana dejó de poder andar y pasó a ser semi dependiente. No pasa nada, yo puedo con todo me dije. Como mi marido trabaja justo al lado de la casa de mi madre, yo puedo ir andando en una hora y volverme en coche con él al salir de trabar, o como hace mucho calor, podemos montar los tres en el coche por la mañana y pasar en casa de mi madre la jornada laboral. Parece sencillo poder con todo, pero nada mas lejos de la realidad.
Ayer al salir de casa de mi madre, quedé en que hoy temprano la acompañaría al médico para hacerse una analítica, para eso, tuve que pedirle a mi marido que se levantara mas temprano que de costumbre y me llevara en coche a su casa, y luego se fuera a trabajar, total, nuestro hijo se levanta pronto, no es problema llevarlo antes a ver a la abuelita. La cosa se me complica cuando ya entrada la noche al peque le da la fiebre y le cuesta respirar a causa de los mocos, para ser la primera vez que se me pone malito, creo que lo gestionamos bastante bien y con calma. Despues de lavado nasal y apiretal durmió bastante, pero yo, cual mamá leona, no pegué ojo controlando por si le volvía la fiebre o la congestión, no pasa nada me digo, estoy acostumbrada a dormir mal, «ya me echaré la siesta». Así que amanece y temprano estamos los tres ya en el coche rumbo a casa de la abuela, pero me invade una sensación de ser mala madre, mala hija y mala esposa. Mala madre por sacar a las 8 de la mañana a mi hijo a la calle estando febril, mala hija por pensar que no me viene cómodo acompañar a mi madre al médico esta mañana y mala esposa por sentirme egoísta al hacer madrugar a mi marido porque yo quiera «llegar a todo».
Tras comentarlo en voz alta en el coche, mi marido me hace ver que estoy viendo la parte negativa, que soy buena madre, por haber velado a mi hijo, que no ha vuelto a tener fiebre y que solo es un resfriado, el primero de muchos que vendrán, que soy buena hija porque ahi estoy, a las 8.30 esperándola en la puerta de su casa para llevarla al médico en coche y que no tenga que andar y soy buena esposa, total, solo hemos madrugado 30 minutos mas de lo normal, sobreviviremos.
Asi que bueno, superado el drama.
Se complica cuando a media mañana llaman a mi madre para que vaya a urgencias, la analítica le ha salido mal, ups, yo no la puedo llevar, porque no voy a meter a mi bebé en el hospital, tiene que venir un hermano mio a por ella. Decido coger el coche y volver a mi casa, con la mala pata de que mi hijo no deja de llorar, gritar y patalear en todo el trayecto, llego a mi límite (pero no el de hoy, si no el acumulado) y le grito «para ya, que no puedo más!!» como si me fuera a entender. Me siento de pronto agotada, bajonera y sobrepasada, ya en casa le digo a mi marido que no sé si podré recogerle, que le pida a algún compañero que le traiga, me contesta que no pasa nada , que volverá en bus. De nuevo, y por segunda vez en un dia, me siento mala madre, mala hija y mala esposa.
Mala madre por gritarle a un niño de 6 meses, mala hija por no poder llevar a mi madre al hospital y mala mujer por no recoger a mi marido del trabajo . Asi me quedo un buen rato, tras mucho llorar y mucho esfuerzo, una que se ha trabajado mucho en muchos psicólogos , trato de matizar mis pensamientos.
No soy mala hija pues rápidamente he gestionado a mis hermanos para que alguno viniera a por mamá y la llevara al hospital en cuestión de minutos. No soy mala madre porque inmediatamente después del grito, le he pedido perdon y lo he cogido en brazos, sabiendo que era lo que estaba pidiendo, se ha calmado en el momento y me ha regalado una sonrisa que me hace saber que lo estoy haciendo bien, y no soy mala esposa, porque si, finalmente he decidido que de nada sirve hacerse un ovillo y llorar asi que he recogido a mi marido del trabajo.
Pero qué duro y cuanta falta hace recordarme que soy buena hija, buena madre y buena esposa.
Tenia que desahogarme
