Hola corazón.
Cuánto te entiendo… Hace un par de años estando en un trabajo nuevo me hacían mobbing (o en cristiano acoso laboral) unido a que tomaba anticonceptivos más fuertes empecé a sufrir depresión y ataques de ansiedad.
Mi pareja venía los fines de semana para estar conmigo (el trabajo era en un pueblo) y me encontraba hundida (llamadas de madrugada pidiendo explicaciones del trabajo, quejas de todo el mundo, no saber si podías confiar en tus compañeros. Un jodido infierno que no se lo deseo a nadie).
Apetito sexual 0 y mi pareja rayada porque pensaba que mis sentimientos habían cambiado o qué hacía el mal. Muchas discusiones porque no quería tener sexo porque tenía bastante con toda la carga mental que llevaba conmigo.
Al final acortaron el contrato, dejé las pastillas, encontré un curro que me encantaba y volví a ser yo.
Pero al poco tiempo las tornas cambiaron, mi chico se encontraba muy frustrado en su curro y también sufrió depresión (con baja y todo), le despidieron cuando volvió con el alta dads, juicio de por medio, encontrarse en el paro y me tocó a mí estar en su piel. Yo también me sentía frustrada sexualmente, yo tenía ganas pero él no y también pensaba si ya no le gustaba… Procurabamos hablar mucho y dejarnos claro que ambos (cada uno en un momento diferente) estábamos muy mal anímicamente pero que queríamos a la otra persona.
Ahora estamos mejor… Continuamos porque nos queremos y porque a nuestro modo de ver hay que estar a las duras y a las maduras.
Eso sí, en tu caso no utilizábamos el sexo como «método de relajación», que puede relajar pero también está para pasarlo bien y porque te apetece (a ambos).
No sé… si te presiona mucho mándale a pastar y trata de mimarte a tí, que eres la que te tiene que importar.
Si quiere chuscar que se compre un vibrador.
Mucho ánimo y cuídate, se sale de los baches cielo.