Hola, muy buenas chic@s. Llevo varios días pensando en sí escribir o no. La verdad es que necesito desahogarme, sacar un poco el ovillo mental que tengo en la cabeza y encontrar otras opiniones. Así que os cuento…
El año pasado estuve viviendo en el extranjero y conocí a un chico. Yo allí no conocía a nadie y conocerlo a él me era de apoyo para salir, desconectar, etc. Cuando lo vi por primera vez, sentí algo especial. No me había pasado antes os lo juro. Me sentí muy bien, me dolía la barriga y sentí conexión. Porque lo más importante es que sentí eso, que era reciproco. Yo muy novata en todo porque siempre he sido la típica a la que si le gusta alguien o me quedo en la eterna amiga o si surge, es un rollete y ya está, ni llaman, ni aparencen más. Y con él fue diferente.
Después de unos meses viéndonos y hablándo, un día pasó y nos acostamos. A partir de ahí, todo fue super intenso. Me entregó una copia de las llaves de su casa, me quedaba todos los fines de semana con él y entre semana lo único que deseábamos era que llegase el viernes, porque nos echábamos muchísimo de menos. Así que un día surgió LA conversación. Yo en unos meses (porque solo iba a estar un año fuera) me volvía a España y, bueno, él también es español y siempre estaba con la historia de que algún día volvería, de que echaba de menos esto, blabla. Pues salieron los sentimientos en LA conversación y me dijo que él no estaba enamorado, que simplemente estaba muy a gusto conmigo, porque era muy buena con él, que me había convertido en una persona muy importante para él, que no había convivido de esa manera con otras personas, que a mi me consideraba pareja, pero no se veía en una relación seria, porque no quería amarrarse a nadie y porque no lo sentía así. A mi, sinceramente, me chocó todo, porque me dió a entender que era una persona ambigua, ya que sus acciones y gestos no eran congruentes con lo que decía. Pero llegué a pensar que el problema lo tenía yo, que igual había confundido todo, que me había dejado influir por el “polvito de hadas”, por mi primera experiencia en pareja y por todo. Entonces, le pedí bajar la intensidad porque me avecinaba mi caída, pero su respuesta fue la de «hombre, yo estoy muy a gusto así, esto no va a ser simplemente follar y ya está». Asi que, como no nos poníamos de acuerdo yo decidí protegerme y dejar la relación o lo que fuese eso.
A la semana me fue a buscar a casa y me dijo «te vengo a raptar, me cuesta saber que estás aquí y no poder verte». Y caí. Estuvimos muy bien, yo es que con él vivía en una nube. Nos llegamos a ir hasta de vacaciones. Pero volvieron mis dudas, mis preguntas, mis ilusiones y llegué a pensar que de la misma manera en la que yo le daba vueltas al tema de la futura distancia él también lo hacía y que sería eso lo que le frenaba. Cuando volvimos de vacaciones, volvió a salir LA conversación junto con el tema de la distancia. Yo estaba convencida de seguir con él. Pero volvió con lo mismo que no estaba enamorado, no tenía ganas de tener una relación a distancia y que no se veía para siempre conmigo. Y aquí me volvió la decepción por esperar algo de alguien y encima algo que estaba basado en ilusiones y malinterpretaciones mías. Me sentí fatal, rota, otra vez, y desubicada porque seguía sin entenderlo, esas actitudes, esos gestos… ¿de verdad alguien no estando enamorado puede llegar a ser así? ¿O yo de verdad era tan peliculera?
Le pedí unos días de espacio para reubicarme en la vida, aunque más bien de él (llamarme ilusa, tonta enamorada, que no te valoras…) pero sentía algo especial. Como que debería de aprovechar el tiempo que me quedaba, como un amor de verano. Ilusa de mí, claro. Pues en esos días de «tregua» me dijo que «prefería vivir en la mentira sabiendo que me quedaba un mes para yo volverme, que me echaba de menos». Y me volví a tirar a la piscina, pero esta vez os juro que fui más racional y no le volví a plantear al tema de sentimientos, ni relación a distancia y disfruté el tiempo que estuve con él.
Y llegó Navidad, con ella sus vacaciones y mi vuelta a España. Esa última noche la pasamos juntos. Me ofreció dormir en su casa y al día siguiente llevarme al aeropuerto. Lloré mucho. Pero así es la vida, dicen. Si está pa’ ti está pa’ ti, pensé. Durante las Navidades hablábamos. Y yo no sé qué le pasó por la cabeza, si fue el entorno familiar y social que le habrá incitado o qué, pero estaba muy cariñoso, muy contento y recíproco. Una noche en la que yo salía, mientras hablábamos, me dijo «que no se te olvide que tienes novio». A mi me dejó a cuadros y, al día siguiente, mantuvimos una conversación y decidimos intentarlo. Me dí 3 meses de plazo en los que si no me salía nada me volvía con él, porque lo ideal era pues al menos conseguir algo para ahorrar un poco antes de lanzarme a la aventura. Estábamos muy ilusionados. Y podría decir que, aún viniendo el siempre con la misma historia, ésta vez lo veía convencido. O sea, yo al final pensé «era un quiero y no puedo» un no puedo por sus propias barreras. Siempre me contaba las cosas que le regalaban, que si yo también las quería usar, que si cuando estuviese allí quería hacer X cosas conmigo, que qué ilusión, que se iba a encargar de conseguirme un coche, etc. Y, claro, a veces me daba miedo a mi también, pero veía cómo estábamos, cómo estaba yo con escuchar su voz, imaginarmelo, y se me quitaban todos los miedos y todas las dudas. Ya me enfrentaría a ellas cuando las tuviese delante. Estaba dispuesta.
Sus vacaciones acabaron un 14 de Enero y el 21 de Enero, me dejó. Solo le bastó una semana de vuelta en el extranjero para echarse para atrás. Que no lo veía, que llevaba días a disgusto y que no me quería hacer daño. Que quería hablar conmigo, me había dicho, pero más que hablar lo que hizo fue comunicarme una decisión que ya había tomado. Y yo ante esa noticia lo único que hice fue tranquilizarme y decirle que si estaba seguro con lo que hacía yo no tenía nada que hacer, que se veía que lo tenia claro, pero que las cosas se podían haber hecho diferente, que también sin querer se hace daño, y mucho.
Mi error o, nuestro error, fue que al mes volvimos a tener contacto. A mi hablar con él me cambia totalmente el estado de ánimo. Estuvimos Marzo y Abril hablando muy a diario, a veces con indirectas directas y, sinceramente, me hice ilusiones. Lo veía muy cercano, insistente, encima de mí, me tenía sorprendida. Pero un día empezó a desaparecer poco a poco, que si yo no le hablaba, él a mi tampoco. Y me empecé a oler que habría conocido a alguien porque tarde o temprano podría pasar, pero cuando llega, duele y mucho. Y sí, llegó el día. Me llamó un domingo y me dijo que estaba conociendo a alguien, que no era serio y que sentía que debía decírmelo. Le rebatí todo lo que en su momento él me había dicho, que si no quería nada serio, que después de mí no tenía ganas de conoccer ni entregarse a alguien y mucho blabla, pero que estaba conociendo a alguien y cuando estas en ese proceso es porque ese alguien te gusta. Me dijo que no lo entendía y que nunca lo había hecho. Me sentí fatal. Le pregunté si era mejor que yo y me dijo que no, que si lo fuese no me habría llamado.
Llevo semanas sin hablar con él, porque siento que si está conociendo a alguien yo ya no tengo nada más que hacer ahí. Porque en el fondo tenía y, sigo teniendo, esperanzas. Me había vuelto a hacer ilusiones con él y está claro que siempre es por lo mismo, por malinterpretar sus actos. Películas mías. Pero es que me duele tanto el alejarme de él. Tengo tantas dudas y tantas preguntas. Que de algunas sé las respuestas y a los hechos me remito, pero siento que se me escapan cosas porque sigo sin entender el por qué dió tanto si sentía tan poco. Pienso también en si se arrepentirá, si algun momento piensa en mí, me vienen tantas cosas a la cabeza que lo que acabo pensando es… ¿y si no volvemos a hablar y perdemos el contacto? Ya lo dije al principio, y es que siento hacía él algo que no había sentido antes. Y yo sé que no soy a la primera que le pasa esto y que está en esta situación, está claro que de amor no se muere nadie, pero necesito desahogarme. Porque a veces sola me pierdo y me derrumbo. Tenía tantas ganas de darlo todo que al no poder darlo, siento que con él se me queda esa espina clavada, esa duda. Y, a veces, creo que a él podría pasarle lo mismo, por eso esas ambigüedades. Está claro que el que tiene interés te busca y que si alguien no está enamorado no se le puede obligar. Creo que en ocasiones me centro más en descifrar qué es lo que piensa y siente él, que en mi misma.
Siento por el testamento tan largo.
Muchas gracias a tod@s!
Un besaaaazo.