Reproducimos testimonio de seguidora:
Siete años en la misma empresa de mierda. De mierda, sí. Con un horario de mierda, un jefe militar, una encargada todavía peor, compañeros amargados de la vida, y encima, como trabajas en marketing, pon buena cara, hazme el favor, y ten ideas super frescas, que sino las tendrán otras personas. Asqueada al máximo estaba yo, cuando ya por fin me decidí a buscar otra cosa. Sabía que no estaba fácil y me había dado mucha pereza ponerme, así que decidí hacerlo de forma masiva, spamear a todo el mundo con mi cv, darlo todo una sola vez para que tuviera efecto inmediato. En mi cabeza tenía sentido.
Poco tiempo atrás, había tenido que hablar con mi encargada y con el jefe porque me cambiaron de puesto a uno teóricamente mejor, supervisando, y tenían que cerciorarse de que yo estaría en la empresa mucho más tiempo, porque si no no merecía la pena toda la formación. Yo me tiré el moco muchísimo. Que yo estaba contentísima allí, claro, que no buscaba nada más, que era un puesto perfecto para mí y yo para él y que qué más quería yo en la vida que ese puto puesto de supervisora, vaya. Básicamente. Fui tan falsa que me dio hasta un poco de vergüenza, pero bueno, el tiempo que estuviera allí, si podía cobrar más, pues mejor. Pero es verdad que acto seguido me puse a mandar los currículums a todas las empresas de marketing del lugar.
La cosa es que empezó a pasar el tiempo y yo en el puesto de supervisora empecé a encontrarme super a gusto. Me cambiaron el horario, me subieron el sueldo todavía más. Curraba con otra gente mucho más joven y con más ganas de vivir, hablar, reírse… Por primera vez en la vida me despertaba por las mañanas con ganas de ir a currar, algo que me parecía absolutamente imposible. Así que cuando me llamaban para alguna entrevista, de aquel bombardeo de currículums cuyas consecuencias duraron siglos, a algunas sí que iba pero luego valoraba todo en su conjunto y prefería rechazar el puesto (cuando me lo daban). A otras entrevistas prefería no ir, directamente, porque para qué.
Y así fue la cosa, hasta que un día me llamó mi encargada a hablar con ella, y yo os juro que no pensé en nada malo, porque yo estaba tan a gusto currando, que tenía toda la seguridad de que sería para felicitarme por algún proyecto o algo así, porque al final yo no solo supervisaba sino que organizaba equipos de trabajo y proyectos. Pero vamos, que cuando llegué y le vi la cara, ya se me quitaron los pájaros de la cabeza. Va y coge de la mesa un folio y me lo planta en la cara. Era mi puto currículum. Quise insinuar, solo con la cara y un resoplido, que era el cv con el que había entrado a currar allí, y que madre mía la de tiempo que había pasado… Pero no. Mi experiencia laboral más reciente era, obviamente, mi puesto de supervisora en esa misma empresa. Una cagada monumental, a la que reaccionó todo mi cuerpo y me puse de una a tartamudear, sudar como una gorrina, toda roja roja, hasta que salí de su despacho sin decir nada más.
No volví a verle y me fui a casa con la misma sensación de haber metido la pata hasta el fondo. En casa me rayé muchísimo, dando ya por hecho que me echarían de la empresa y que a saber qué vendría después. No conseguí dormir nada, ni con un trankimazin y medio, y al día siguiente fui como una zombie a lo que estaba segura sería mi último día de trabajo.
Pasé todo el día nerviosa como un flan, la gente notándome rara, preguntándome a ver si estaba bien, y yo esperando que me llamaran de nuevo al despacho. Oye, pues no. Pero ni ese día ni ningún otro. Ahí sigo currando en el mismo puesto desde entonces, y más feliz que una perdiz. Nadie ha vuelto a mencionar el tema y yo me sigo haciendo la loca.
