Siempre he sido una persona muy independiente y con las cosas muy claras. Conocí a mi marido en la universidad, el último año. El estudiaba informática y yo magisterio, y desde nuestra primera cita, tuve muy claro que no quería volver a separarme nunca de él. Llevamos más de diez años de relación y los dos hemos tenido siempre claros nuestros objetivos, al igual que estamos de acuerdo en que no queremos hijos en nuestras vidas. Hace cosa de dos años, nos fuimos de viaje a Islandia, y decidió pedirme matrimonio. Era algo que ya estaba más o menos hablado, y sabía que pasaría en algún momento. Fue mágico, en un sitio súper especial y obviamente acepté. Tenía clarísimo que él iba a ser el hombre de mi vida. Los últimos 10 meses aproximadamente, nos la hemos pasado preparando la boda.
No os imaginéis una súper boda, algo sencillo, con nuestra familia más cercana y nuestros amigos, alquilamos una casa con un jardín maravilloso y el mes pasado celebramos con todos nuestros allegados. Fue un día precioso de principio a fin, no puedo negarlo, pero yo me levanté ese día como si supiese que estaba cometiendo un error.
Durante toda la boda tuve una sensación de ansiedad que no se me pasó en ningún momento. Fingí como la que más, pensando que se disiparía en breve y que seguramente era cosa de los nervios o del momento tan importante que estaba viviendo. Nos fuimos de luna de miel al día siguiente, y la sensación seguía ahí. Hasta lo comenté con mi marido, le dije que me estaba sintiendo rara, que algo estaba pasando dentro de mí y que no entendía por qué, estando en uno de los momentos más bonitos de mi vida, parecía estar cargando con una mochila llena de piedras.
Volvimos a casa del viaje, y de nuevo a la realidad. Trabajo, vida social, gimnasio, todo había vuelto a la normalidad y pensaba que quizá la rutina me ayudaría a calmar esa ansiedad.
Pero no se va. He identificado que me pasa especialmente cuando vuelvo a casa de algún sitio, en cuanto meto la llave en la cerradura si sé que está mi marido en casa, ya no puedo parar. Entro en un bucle mental en el que me pregunto todo el rato si debería estar ahí, y llego a la conclusión de que ese no es mi sitio.
Me noto distante con él, no me apetece tener sexo, no me siento cómoda ni cuándo nos abrazamos o nos besamos. Él lo sabe, no es algo que le esté ocultando y me pregunta cómo puede ayudarme, pero sinceramente no lo sé.
Quiero saber qué decirle, quiero averiguar qué es lo que me pasa, pero mi cabeza me dice todo el rato que es él. No sé que es lo que ha cambiado en mi, pero ya no estoy cómoda cuando estoy con él, no me apetece hablar, ni contarle mi día, ni siquiera compartir cama.
Todavía me parece pronto para tomar una decisión, pero sobre todo lo que más me pesa es que hace un mes que celebramos la boda. Siento como si me estuviera riendo de la gente y de él, ¿cómo voy a anunciar ahora que lo hemos dejado? Voy a ser el hazmerreír y estar en boca de todos los invitados e incluso de toda la gente que me conoce. Estoy hecha un lío, ¿debería esperar? ¿debería seguir mis sentimientos y dejarle ahora?
