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ME DESGRACIAN EL PELO Y ENCIMA ME DENUNCIAN
Lo del tema de las peluquerías es muy fuerte. No digo yo que sea en todos sitios pero en muchas de ellas te intentan hacer la trece catorce. Es ese lugar donde se entra sin saber a qué hora vas a salir ni cuánto dinero te vas a gastar, porque si te dicen un precio, éste siempre se ve incrementado por el largo de tu pelo (el cual curiosamente no tuvieron en cuenta al darte el presupuesto) o porque sin contar contigo te han puesto este u otro producto. Y lo de la hora es mortal, te dicen que van a ser “dos horitas” y cuando se ponen a entremeter a gente, echas allí cuatro, de las cuales dos con el pelo mojado pasando frío ¿Es sólo sensación mía o alguien más nota que a una la tratan como si fuera tonta? En fin.
Mientras os escribo esto tengo el pelo achicharrado porque confié en una peluquería que también me quiso meter medio kilo. Y el medio kilo no me lo metieron, pero sí que se han cargado mi pelo y encima me llevo una denuncia de regalo.
Quería hacerme un rizado de estos que se llevan, tipo afro pequeñito, y acudí a una peluquería con mucho nombre de mi ciudad. Desde el principio tuvieron mucha historia con todo, que si no sé, que si la agenda, que si llama a no se quien para que te mire el pelo, no mejor el otro que es especialista en color…. Al final me dijeron que me iban a hacer una prueba en el pelo porque al tener un alisado anterior podría no quedar bien.
Vale, acepto, 25 euros la prueba, que constaba en hacerme un rizo de prueba y ver si éste salía o no. Les pregunté que a qué se debía que fuese tan caro y me dijeron que es que tenían que abrir los productos cada vez que se hacía y que al final eso era un gasto. Y una mierda. Estuve pendiente y no se abrió ningún producto nuevo, sino que usaron unos líquidos que venían en botes ya abiertos y que usaban en común con otra chica que se estaba haciendo también la permanente. Estando con el rulo puesto se lo dije a la peluquera y no supo salir del embrollo, la verdad, la pobre era de las jovencitas nuevas y acabó diciendo, cuando yo le iba desmontando la teoría, que realmente no sabía en base a qué me cobraban esos 25 euros.
Bueno, la prueba sale bien y me dan otra cita otro día, porque ese día se niegan a hacerme la permanente, cosa que tampoco entendí porque había 8 peluqueros y sólo estaban ocupados 3, pero “por motivos de agenda era imposible”. Bien de nuevo. Pago a la de la caja, no sin antes decirle, que parece un robo que me casquen 25 euros por hacerme una prueba que consiste en ver si mi pelo soporta el tratamiento, basado sencillamente en hacerme un rizo en la nuca.
Vuelvo a la semana y media con mi cita, esta vez sí, para hacerme el moldeador. Se ve que las otras peluqueras habían malmetido a otra peluquera rottweiler porque fue llegar y se me tiró al cuello. Desde el principio resultó todo de lo más incómodo y me intentó explicar, con mucha ironía, el gasto que suponía lo del rizo y empezó a echarme líquido y más líquido. Me ponía los bigudíes tirándome fuerte del pelo, y aunque yo le hacía saber que me estaba haciendo bastante daño, me decía “para presumir hay que sufrir” con una sonrisa malévola, disfrutando de tenerme allí pasándolo fatal. Nos liamos en una batalla dialéctica semejante que fue a más y a más y la pava llegó un momento en el que me empujó la silla con mucho desdén. Me levanté y le devolví el empujón. Y nada, tuvieron que separarnos y en la batalla campal se rompió un espejo. Ellas dicen que fui yo, yo digo que fueron ellas, unas cuantas contra mí. Llamaron a la policía, la cual les obligó a lavarme el pelo ya pasado de largo el tiempo, lo cual hizo que mi pelo pasase a mejor vida y se me quedase frito totalmente. Por otra parte, me denunciaron por el tema del espejo y yo a ellas también por la agresión.
Qué bonito se quedó el …. cuando yo lo único que quería era rizarme el pelo.
