Voy a ir de cara: sí, me enchufaron en la empresa. No voy a adornarlo ni a darle vueltas, me enchufaron y es lo que hay. Pero qué queréis que os diga, no me parece mal ni creo que justifique que me estén poniendo como la villana en mi trabajo.
Entré en la empresa porque mi tío conoce al director desde hace más de veinte años. No falsifiqué nada, no le quité el puesto a nadie con una conspiración oscura ni entré sin cumplir los requisitos. Mandé el currículum, hice entrevistas como todo el mundo, pasé las pruebas. La única diferencia es que mi CV llegó directamente al director. Y, sinceramente, no veo el pecado mortal ahí.
El problema no es ese, yo tengo mi conciencia muy tranquila. El problema es que ahora lo sabe todo el mundo.
Trabajo en esta empresa desde hace casi dos años. He currado, he sacado proyectos, he hecho horas extra sin cobrarlas como casi todos, me he comido marrones que no eran míos y nunca he ido de lista ni de protegida. Al revés, durante mucho tiempo tuve perfil bajo. Yo entré, trabajé y punto.
Hasta que alguien ha decidido abrir la boca.
No sé exactamente quién ha sido, pero tengo una sospecha bastante clara. Desde hacía unos meses el ambiente estaba raro conmigo. Había comentarios sueltos, silencios cuando entraba en los sitios, bromas que no son bromas. Y hace dos semanas por fin lo dijeron en voz alta delante de mí: Claro, es que tú entraste por enchufe.
Dicho con sonrisa, pero con veneno.
Desde ese comentario se ha abierto la veda y ahora nadie se corta. Todo lo que hago está bajo lupa. Si cometo un error, es porque me lo han regalado todo. Si hago algo bien, es porque con un padrino todo es más fácil.
Da igual que lleve dos años demostrando que sé hacer mi trabajo. Da igual que mis resultados estén ahí. La etiqueta ya está puesta y no hay forma de quitársela.
Lo que más me cabrea no es que lo piensen, es que la persona que lo contó lo hizo con mala fe, con la intención de que me señalaran. Tampoco sé cómo se han podido enterar, porque la información era privada. Pero está claro que ha conseguido lo que quería.
Y ahora me vais a crucificar, pero no creo que estar enchufada sea automáticamente algo malo. Lo siento. Vivimos en un mundo de contactos. De recomendaciones. De “te paso el CV”.
Fingir que todos entramos a los trabajos en igualdad de condiciones es una fantasía muy cómoda, pero no es real. Hay gente con padres médicos, abogados, empresarios, profesores universitarios… y esas redes también son enchufes, solo que más aceptables. Así que llamarme enchufada me parece subirse a un trono de moralidad que no existe. Porque el que diga que los trabajos no funcionan por enchufes ESTÁ MINTIENDO.
La diferencia es que el mío se ha dicho en voz alta y con malas intenciones.
Nadie se pregunta si trabajo bien o mal, si cumplo o no. Solo importa de dónde vengo. Como si eso invalidara todo lo demás. Como si tuviera que disculparme cada día por estar aquí. Y no pienso hacerlo.
No le robé el puesto a nadie concreto. No echaron a nadie para meterme a mí. La empresa necesitaba a alguien, yo cumplía el perfil y además había confianza previa. Fin. ¿De verdad eso es tan escandaloso?
Si tan resentida estaba esta persona, podía ir a recursos humanos. Pero no, ha preferido crear un ambiente de cuchicheos, miradas y malas caras. Y yo cargando con una culpa que no siento.
Me duele porque yo estaba a gusto aquí. Me gustaba mi equipo. Ahora siento que tengo que demostrar el doble todo el rato. Que no puedo permitirme ni un fallo humano. Y aun así sé que nunca va a ser suficiente para algunos.
