Os cuento: soy profe de idiomas y entré a trabajar en una escuela de idiomas bastante potente, pero no quiero dar muchos datos. Entré a sustituir a una profesora que llevaba allí mucho tiempo. Por lo que me han contado, era una tía que caía bien a todo el mundo. Pero ¿sabéis lo que hizo?
Daba clases presenciales, grupales e individuales y también online. Con el tiempo empezaron a sospechar que se llevaba a los alumnos; es decir, que les ofrecía darles clases por su cuenta. Era un win-win: para ellos era más barato, sobre todo las clases privadas (la escuela se lleva el 50 %), y para ella era mucho más dinero que trabajando para la academia. No sé si me explico. Le pudo la avaricia y al final lo hizo con muchos alumnos. Y claro, todo se sabe. Alguien de dirección se enteró y le pusieron un cebo: un alumno online falso. Estuvo dos meses y él le propuso que le diera clases por fuera. Ella, al principio, estaba reticente, pero al final cayó en la trampa. Quedó todo grabado. Despido procedente (por deslealtad, protección de datos y no sé qué más), sin paro y en la lista negra.
Entré yo en su lugar y, desde el principio, me di cuenta de que el resto de profes no me hablaba m Por ejemplo, entro en la sala y se callan, o hablan abiertamente delante de mí de ir a tomar algo y me ignoran, se levantan, de van y yo como si no existiera.
Un día se me cayó un café encima y me di cuenta de que todos se estaban enviando mensajes y medio riéndose delante de mí. Es una sala de profesores con una mesa muy larga y ancha y todos trabajamos así. Luego hay un grupo de WhatsApp en el que tengo que estar por obligación. Varias veces me tocó poner una información importante y no reaccionó nadie, ni un “me gusta” o al menos una manita arriba, nada. Después, otra persona pone una tontería, un meme, y todos reaccionan.
Otro ejemplo, ellos cada lunes llevan algo, un pastel, una tarta, croquetas, tortillas….y lo ponen en el living. Una vez preparé una tarta de queso y no la tocó nadie; solo la señora de la limpieza y la secretaria, que me dijo que eran unos sinvergüenzas porque vio que estaba a punto de llorar.
Os estoy hablando de gente de 30, 40 y 50 años. No son críos, de verdad. Por la señora de la limpieza confirmé que no son cosas mías: una vez oyó que una de mis compañeras le decía a otra, refiriéndose a mí: “A esta, ni agua”.
Todos querían mucho a la que despidieron, pero de verdad que no entiendo esa inquina hacia mí, que no tengo la culpa de nada. Fue un despido totalmente merecido, no fue una injusticia. Paralelamente no quiero hablar con mis jefes porque no tengo ninguna prueba tangible. Me da una tremenda verguenza ademas. La señora de la limpieza me ha dicho que, por favor, no la mencione, porque entonces irían a por ella.
Yo, de verdad, no sé si podré aguantar más. No me agreden ni me insultan, pero ese vacío me está destrozando. Todos mis amigos dicen que pase, pero no sabéis lo que es estar así cada día.
