En noviembre de 2018 escribí explicando que había tenido un accidente bastante grave y que me quedaban por delante muchos meses de rehabilitación. La historia está aquí
Pues bien, la rehabilitación se alargó diez meses y tuve la oportunidad de conocer muy bien a mi fisio (que además me gustaba y yo creía que le gustaba también a él) y de que él me conociera también muy bien.
Teníamos mucha complicidad e incluso los otros fisios del centro lo notaban y llegaron a hacer alguna broma.
Mientras duró la rehabilitación no pasó absolutamente nada más allá de las risas y el coqueteo. Casi cuando ya estaba acabando, se celebraba una fiesta muy conocida en mi ciudad y él me invitó a que pasara por la barra, dónde estaría sirviendo, para invitarme a tomar algo.
Convencí a unas amigas y fuimos a la fiesta. Pasamos varias veces por la barra y finalmente me atreví a acercarme y saludarle.
¡Ahí se detuvo el tiempo! Se le iluminó la cara al verme, y no solo lo digo yo, mis amigas también lo vieron. Me cogió de la manó y durante la media hora que estuvimos hablando no me soltó. Fue super cariñoso. Hablamos de muchas cosas y cada vez estábamos más cerca el uno del otro.
Mi amigas disimuladamente desaparecieron y nos quedamos los dos solos. Cuando aparecieron sus amigos me soltó de la mano y me dijo que ya nos veríamos, que le había gustado mucho verme y que hasta el lunes con una palmadita en la espalda incluida. Mi cara era un poema porque no entendí nada.
Mis amigas al verme aparecer me dijeron que fuera a hablar con él otra vez y me negué.
Aún no sé muy bien el motivo, pero esa noche le agregué a varias redes sociales y aún estoy esperando respuesta…
El lunes al vernos todo fue muy raro y los dos evitamos el tema. Seguí con la rehabilitación más o menos como si no hubiera pasado nada y cuando quedaba una semana para acabarla le dije que le podía pasar unas guías para el viaje que iba a hacer en verano y le pedí su número de teléfono. Le pasé las guías y le propuse hacer un café. Me dijo que no podía, que ese fin de semana lo tenía liado.
Le propuse otro café al siguiente fin de semana y tampoco podía. Y ahí decidí dejar de insistir y de escribirle. Cerrar ese capítulo y seguir con lo mío. Le borré de todas las redes sociales a las que le había agregado o solicitado y de las que aún estaba esperando respuesta.
La semana pasada me lo encontré por la calle y la reacción al verme fue la misma del día de la fiesta. Me abrazó y me dio dos besos y estuvimos todo el rato de la mano.
Como yo ya estaba recuperada físicamente y también anímicamente, porque el proceso de rehabilitación ha sido muy largo y duro, decidí echarle valor y preguntarle si yo le gustaba. Se quedó muy sorprendido y me dijo que sí, que yo le había gustado desde el primer día pero que nos habíamos conocido en el momento equivocado. Como yo esa frase no la he entendido nunca le pregunté los motivos y me dijo que estábamos en momentos diferentes de la vida. Yo con trabajo estable y él no, yo con piso propio y él en casa de sus padres, yo con edad de quizá tener hijos y él aún no, con grupos de amigos distintos… Bueno, una serie de excusas baratas que me reafirmaron en mi idea de dejar de irle detrás. Le dije que no entendía muy bien esos argumentos pero que respetaba que pensase de esa manera. No le quise dar muchas vueltas. Conocer a alguien, quedar para tomar un café y tener una conversación agradable, como cuando las teníamos durante la terapia, no te compromete a nada.
Acabó la conversación diciendo que me deseaba lo mejor porque me lo merecía, me dio un abrazo y me fui. Y fin, ahí se acaba la historia.
Ahora que os escribo cómo ha acabado me doy cuenta de que cambiaría muchas cosas pero estoy orgullosa y contenta de haber tenido el valor de preguntarle qué sentía.