En mi caso estaba en otro país y aquí es muy común que vengan a la puerta de tu casa a ofrecerte servicios. Vinieron con una furgoneta y me dijeron que estaban limpiando los canalones de las casas y que si me interesaba. Les dije que no, que estaba de alquiler y nuestro casero se encarga de enviarnos a alguien (que en realidad lo hizo una vez y nunca más). Lo habitual en esas conversaciones es que me digan «vale, gracias, que tengas un buen día», pero este tío no. No aceptaba un no por respuesta y estuvo insistiendo hasta que le dije que vale porque me dijo que solo serían 20€ (o 40€, ya no lo recuerdo. Un precio razonable para el servicio).
Quité mi coche de la entrada para hacerles sitio para la escalera y resulta que en vez de abrir la furgoneta y sacar una escalera se subió a mi cubo de la basura. Me quedé a cuadros. Pero no tuve la sangre de decirle «qué coño estás haciendo, vete de mi casa».
Llamé a mi pareja, con quien vivía, pero que no estaba en casa en ese momento, y le cuento que hay un tío limpiándonos los canalones que me da muy mala espina, que le dije que no y no se quiso ir. Él me dice bueno, tampoco nos viene mal. XD
Me metí yo en casa y cuando acabó tocó otra vez al timbre. Me dijo que al final habían cambiado nosequé que estaba roto (no entendí lo que dijo porque hablaba en inglés y tenía un acento bastante cerrado. Puede que se inventase el nombre de la pieza y no me habría dado cuenta la verdad) y que era mucho más de lo que me había dicho. De 20 pasamos a 200€. Le pregunto si puedo pagar con tarjeta (aquí la gente viene con el aparato de cobrar con tarjeta, o llamas a la empresa para que te cobren). Me dice que no, que no tienen el aparato. Le digo que yo no voy con 200€ en mi cartera por ahí. Me dice que le puedo pagar lo que tenga y otro día pago el resto. Lo miro mal. Voy a por mi cartera con la intención de darle los 20€ que pensaba que tenía y cuando la abro en frente de él estaba llena con mucho más. Le di todo lo que tenía.
A esas alturas estaba ya nerviosa y el tío me daba mal rollo. Temía que me hiciese algo o la pagase con mi coche. Cerré la puerta y sabía perfectamente que no iba a volver a ese tío en mi vida. No tuve la soltura de decirle «toma tus 20€ y no llamo a la policía», por ejemplo.