Una vecina de toda la vida me vio por redes con las agendas que había creado para la vuelta al cole, concretamente creé unas para los profesores y, como ella es profesora de sexto de primaria, le encantaron y quería regalarle una a cada profesor de su curso, por lo que me encargó 10 agendas.
Le expliqué el coste de cada una, y le hice un precio especial por encargar 10 y me dijo que sin problema.
Al conocerla de siempre, no le pedí dinero por adelantado, y con mi tarjeta de crédito pagué todos los materiales que necesitaba para las 10 agendas. Cuando acabé la primera, se la llevé ilusionada a su casa para que la viera y diera el visto bueno al diseño y entonces me dijo que al final no las quería y a mí se me quedó cara de gilipollas.
Ahora tengo material para hacer un montón de agendas, no tengo pedidos, y tengo que pagar la factura de la tarjeta, me parece increíble que me hiciera algo así. ¡Qué falta de responsabilidad y de palabra!
