Necesito hablar de este tema porque me lo tomo a risa y lo gestiono con humor pero empiezo a pensar que en mi casa nadie me escucha. Por favor, levantad la mano las que hayáis pasado por lo mismo.
Soy una persona muy detallista. Me paso. Tengo además buenísima memoria y a la hora de hacer regalos me gusta currármelo bien. Suelo recordar el título de ese libro del que me habían hablado o ese jersey que mi hermana me había enseñado en una tienda y que me había comentado que le encantaba. Vamos, que diciéndolo de alguna manera, mis regalos suelen ser un éxito.
Por el contrario mi marido siempre está en su nube. Es un hombre fantástico pero va despistado hasta cuando tiene que cagar. Es de ese tipo de personas que no se olvida la cabeza en casa cada mañana porque la lleva pegada al cuello. Aun así hablamos mucho cada día y yo soy consciente de que me escucha, me entiende, vamos, que me responde coherentemente.
Cuando salimos a dar un paseo o a hacer alguna compra a mí me encanta fijarme en esas cosas que me gustan mucho, que las consideraría un regalo perfecto para mí, y enseñárselas. En 10 años que llevamos juntos he ido puliendo mi técnica porque si bien al principio tan solo se las mostraba y añadía un ‘es precioso, ¿verdad?’, el plan que llevo ahora es el de decirle directamente ‘cariño, ¿ves esto? Me encanta, me encantaría tenerlo, me imagino abriendo un paquete de regalo con esto en su interior y es que sería feliz’. A él le da la risa, me dice que vale, que muy bien, y yo vivo con esa esperanza de que en las próximas navidades, aniversario o cumpleaños, algo de esto caiga.
Spoiler, nunca ocurre.

Hace dos semanas fue nuestro aniversario de bodas. Le regalé una edición antiquísima de su libro preferido, vamos, que hasta se le saltaron las lágrimas de la emoción. A esto añadí unas entradas para un grupo de jazz que sé que le encanta y que estaban agotadísimas. Os lo juro, soy cero materialista, muchas de las cosas que le enseño son baratísimas, sencillamente me gustan porque me recuerdan a mi infancia o porque me harían ilusión, por eso quizás que nunca acierte me hace plantearme muchas cosas. Después de él haber abierto sus entradas me tiende un paquete y mientras lo abro completamente desorientada lo escucho que dice:
‘Espero que te guste, nunca sé qué regalarte, es que es muy difícil acertar contigo’.
Me dio la risa lo más grande. Mariano, difícil eres tú, que para sonsacarte información hay que torturarte a base de cosquillas, difícil es tu madre que es una adicta a la teletienda y tiene su casa llena de gadgets e historias. Mariano, yo no soy difícil de regalar, es que tú eres sordo Mariano, sordo y ciego también.
Dentro de aquella caja había un blazer muy elegante de una firma que no conocía pero que doy fe que no hace nada barato. Un blazer estupendo para mí, una mujer que va a trabajar siempre de lo más tirado y que se arregla una vez al año, o dos si hay alguna boda de por medio. ¿Cuánto le debió costar aquello? ¿Unos 250 euros? Pero Mariano, cariño, si yo con aquel libro ilustrado de Alicia en el País de la Maravillas hubiese sido toda felicidad y no llegaba ni a los 35 euros.
Ay Mariano… ¡¿algún día escucharás a tu mujer?!
Decidme que no soy la única, por favor…