Me gustaría explicar mi historia y tener un punto de vista ajeno. El problema ha sido con una amiga y, obviamente, no me siento cómoda hablando de este tema con otras amigas que la conocen, porque no quiero azuzar el conflicto.
Tengo un grupo de cinco amigas. Esta chica, al principio, parecía muy maja y divertida, pero después empecé a ver cosas que no me gustaban: la veo un poco geta, la verdad. Es impuntual, a veces egoísta… No puedo apartarme de ella como me gustaría porque va “en el pack” con el resto. Ahora entenderéis por qué.
Varias veces que fuimos a una cafetería me decía que no llevaba suelto y que, por favor, se lo pagara yo, que ya me lo devolvería. A veces no lo hacía, y yo me sentía mal por tener que pedirle 2 o 3 euros, pero me tocaba las narices. Esto también fue culpa mía por no haber cedido siempre. Y ahí empezó el problema: la falta de límites.
Una vez ibamos a ir a un mercadillo medieval tres amigas. A la conflictiva la llamaré Adriana; otra, que es bastante agradable, Ángela, y yo. Ángela no pudo venir y canceló a última hora. A mí no me apetecía nada quedar a solas con Adriana, pero no se me ocurrió una excusa convincente. Estuvimos allí y, al principio, todo bien. Encontró un anillo precioso en un puesto, hecho de plata a mano, por 85 euros. Cuando fue a pagar, le dijeron que no aceptaban tarjeta. Entonces me pidió, por favor, si podía prestarle el dinero. Ella sabía que yo llevaba efectivo y no tuve valor para decirle que no, no supe reaccionar. Craso error.
Ya me imaginaba lo que iba a pasar: no me hizo el Bizum. Se lo tuve que recordar dos veces y se me ponía una mala leche… En serio. Al final, me lo pagó dos semanas después. Y, por cierto, en lugar de 85 me envió 75. Le dije que eran 85 y aún puso pegas: “¿seguro?”. Y ya, por fin, SI , SEGURO. Esto me causó bastante ansiedad, de verdad, porque sentía que me estaba tomando el pelo.
Tenemos otra amiga en Francia que nos invitó a su casa. Fuimos solo nosotras dos, las únicas que podíamos ir. Yo ya me temía lo peor, así que me saqué los billetes de avión y bus por mi cuenta y le dije que hiciera lo mismo. Me di cuenta de que le sentó mal. Aun así, le envié el enlace del bus (Flixbus). Todo masticado
Como íbamos a estar varios días solas (nuestra amiga trabaja y no iba a estar todo el día con nosotras), le envié este mensaje: “Adriana, te pido muy amablemente que, antes de salir, compruebes por favor que cuentas con suficiente saldo y dinero en efectivo. No quiero volver a vivir situaciones incómodas como lo del anillo; de verdad que lo pasé maL, quiero tener un viaje tranquilo. Supongo que lo entiendes, Un abrazo.”
Llegamos a Francia y parecía que me había hecho caso: todo ok. Solo que le pregunté dos veces si había comprado el billete desde la ciudad de nuestra amiga a la ciudad donde estaba el aeropuerto, y me decia: “no, pero esta noche lo hago”. Y yo: ok. Pues no lo hizo. La noche de antes, estábamos en un hotel (habíamos ido de excursión y no tener que pegarnos un supermadrugon) y se puso a las doce de la noche a comprar el billete. Costaba 38 euros y no tenía suficiente saldo en la tarjeta. Para colmo, se enfadó conmigo y gritando me espeta: “que me dijiste que eran 9 euros!!!!!!! ”. Y yo: “sí, hace dos putos meses”.
Entonces me dice: “me vas a matar, pero no tengo más en la tarjeta, me quedan 23 porque me dijsite 12”. Y yo me armé de valor : “no te los voy a pagar. Te pedi por favor que llevaras un control. Sabía que iba a pasar esto”. Ella insistió un poco, pero se dio cuenta de que no le iba a prestar el dinero y tuvo que pedirle a su novio, o a no sé quién, que se lo pagara.
El problema vino después: pasaron unos 40 minutos el novio no se aclaraba con la pagina web, se bloqueaba,… y se agotaron las dos plazas que quedaban libres. Se puso histérica. Al verla así, le dije: “mira, te envié el puto enlace hace dos meses”. Al final el novio encontró otro bus de otra compañía, una hora más tarde, y llegó super justa al aeropuerto.
En el desayuno se puso en otra mesa. En el vuelo no me habló ni se despidió. Su novio vino a buscarla y me miró con un odio… En fin. A las dos horas me escribió un WhatsApp diciendo que ella era despistada, que eso era una realidad, pero que yo era una urraca, ruin, mala persona, y no sé qué tonterías más. También le metió mierda a otra del grupo, que luego me dijo a solas que yo me había pasado tres pueblos y que eso no se hace y menos estando en el extranjero y a punto de tomar un vuelo. Y yo flipando.
En fin, que estoy de una mala hostia… En serio, ¿creéis que me he pasado?
PD Curiosamente las que la defiende a ella nunca llevaba suelto cuando la geta esta les pedia dinero, era una cosa…
