He estado reflexionando sobre un consejo que me dio una amiga y me gustaría saber qué opinan ustedes.
Ella me sugirió que hiciera un experimento social: vestirme con ropa cristiana por un tiempo para ver cómo cambia la percepción de los demás sobre mí. Su argumento es que, en entornos más formales, la gente se fija mucho en la apariencia y que, si quiero dedicarme a la docencia artística, especialmente con niños, debería proyectar una imagen más «aceptable» en todas mis redes sociales, incluso en las personales.
Yo entiendo que la imagen influye en la percepción que los demás tienen de nosotras, pero creo que hay una diferencia entre lo profesional y lo personal. En mi vida laboral, me visto y me comporto acorde al entorno, y tengo un perfil profesional donde ni siquiera publico fotos mías. Sin embargo, en mis redes personales, muestro mi estilo real: soy artista, tengo tatuajes, me gusta el metal, el terror, el rock. No hago nada provocador ni inapropiado, pero cada vez que subo una foto maquillada o con un outfit un poco más llamativo, recibo acoso de algunos hombres.
Mi amiga cree que, si cambio mi forma de vestir, sobre todo en redes sociales, proyectaré otra imagen y evitaré esos juicios. Yo, en cambio, pienso que el problema no es mi ropa, sino los prejuicios de los demás. Por más que me vista de la manera más sencilla, igual he sido acosada solo por ser mujer y por tener un cuerpo llamativo.
Le agradecí su consejo y le dije que lo pensaría, pero en el fondo no quiero cambiar quien soy solo para encajar en estándares ajenos. No soy satánica ni promiscua como algunos podrían asumir, soy católica y fiel, pero simplemente me gusta un estilo alternativo.
¿Ustedes qué opinan? ¿Deberíamos moldearnos a las expectativas de los demás para evitar malos juicios o deberíamos defender nuestra autenticidad?
