Me siento fatal por una de mis amigas. Os cuento:
Hace un par de findes, mi grupo de amigas y yo hicimos un Escape room en el que competíamos con otros grupos. Una de mis amigas, llamémosla Ana, no daba ni una. Ella no entorpecía al grupo, pero tampoco aportaba. Aun así llegamos como a una especie de final donde había que resolver un acertijo que haciendo una operación matemática lo resolvías. ¿Qué pasó? Que por azar fue a Ana a quién le tocó subir. Cuando vimos el percal, mis otras dos amigas echaron las manos a la cabeza con un «ay dios…vamos a perder…ésta no sabe sumar». Cosa que era cierta. Ana y yo somos amigas desde niñas, hemos ido a la misma clase desde pequeñitas y aunque ella quitaba 10 en todo, las matemáticas no le entraban. Ya en primero de EGB recuerdo que tenía que estar sentada al lado de la profesora porque sumar llevando no le entraba, y cuando llegamos a sexto de primaria…llegaron los problema , literalmente. ¡No entendía ni papa! Y en aquella época, aprendías a base de golpes y humillaciones, cosa que para aquel que no entendía, lo imposibilitaba más.
El director del colegio le gritaba tanto y tanto que Ana empezó a cogerle tirria a la escuela que llegaba mal a casa. Su madre se reunía con el director y éste le explicaba que Ana era muy inteligente pero que era vaga y no se esforzaba lo suficiente, por lo que luego en casa le caía la del cristo.
Y así fue como Ana fue pasando de ser una niña que quitaba 10 en prácticamente todo, una adolescente que faltaba a clase porque le había cogido tirria a los estudios. O así lo veía yo.
El día que Ana acabó bachiller no debió de volvió a hacer ninguna operación matemática en su vida sin calculadora, cosa que tampoco es buena.
Pues bien, volviendo al scape room, Ana no fue capaz de sumar ni restar mentalmente. Y perdimos.
A mí me da igual, pero a las otras dos chicas les fastidió, son muy competitivas y aunque una no le dijo nada, se notaba en su cara lo que pensaba, y la otra le dijo «joder, eso le haría mi hija de 10 años y no hace tú que tienes 42?». Ana mantuvo el tipo, se disculpó y siguió la fiesta como si nada. Nos fuimos a cenar y aún seguían con el tema. Ana les explicó que le incomodaba hablar del tema, que le daba mucha vergüenza y pero que que a ella los números no, no los visualizaba en su cabeza y que necesitaba papel y lápiz. La otra seguía «joder pero igual tienes algo porque no es normal», y Ana le respondió que ojalá porque así no sentiría tanta vergüenza. Pero la otra siguió, pensando que lo hacía por bien, hasta tal punto que Ana se levantó y dijo que siempre había considerado cortita, pero que por lo menos era lo suficiente lista para saber no hacer sentir mal a alguien. Se despidió y se fue.
Desde aquel día no quiere saber nada de las chicas y la verdad es que también me da pena, aunque las otras no actuaron bien, tampoco creo que esto tenga que acabar con la amistad.
He hablado con ella y me dice que no puede mirarlas a la cara, que se ha vuelto a sentir como aquella niña, que es culpa suya dejarse ir tanto pero que con gente que la haga sentir mal, no.
¿Qué creéis que puedo hacer para que se le pase?
