Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Estoy cogiendo manía a mi amiga y me jode. Me jode porque nos conocemos de hace muchísimos años y la quiero, pero es rácana a más no poder. El tío Gilito a su lado es la persona más generosa del mundo.
Para empezar, nunca viene a los viajes que organizamos, no participa en los regalos de cumples del grupo de amigas, ni nada de eso. Podríais pensar que quizás no anda bien de pasta, pero no es el caso. Tiene un buen trabajo y bastante pasta.
Hasta aquí, bueno, podría ser simplemente cuestión de elegir donde poner su dinero. Pero es que, cuando salimos a tomar algo o cenar, lo que hace no tiene nombre.
Recuerdo un día (de muchos), pero por poner un ejemplo, que estábamos ella y yo merendando en una cafetería. Terminamos, pedimos la cuenta y salía a 6,45.
Me comentó que solo llevaba un billete de 50€ y que si no me importaba pagar a mí porque pasaba de que le dieran tanta calderilla y tener que “romper” así su billete.
Sinceramente, a mí me da a igual pagar los 6 euros y 45 céntimos, pero es que estaba ya un poquito hasta el toto de que ese fuera su modus operandi siempre. Además, nunca ofrecía hacer un bizum, que hoy en día ya ves tú, es algo que todo el mundo hace.
Entonces, le dije que para no recibir tanta calderilla, también podía pagar con tarjeta, que para algo están. Me miró con cara de fastidio, pero no le quedó otra que pagar así.
Pensé que igual ya había aprendido la lección, pero ¡Ay!, que equivocada estaba, amigas. Ese mismo finde salíamos por ahí, ella, dos amigas más y yo. Decidimos ir pagando una ronda cada una en los diferentes garitos. La primera ronda la pagué yo, la segunda otra amiga, la tercera la otra, y cuando llegó la cuarta y era el turno de esta chica, dijo que no podía pagar, porque no llevaba efectivo. Le contesté que no era problema, que si no recordaba que con la tarjeta se puede pagar y es más, que en muchos bares lo prefieren así.

Me contestó que no había cogido la tarjeta por si la perdía. Que le daba miedo sacarla de fiesta. Mis amigas y yo no dábamos crédito. Cómo podía ser que saliera de fiesta sin un duro, ni dinero en metálico, ni tarjeta.
Entonces, recordé la tarde de esa misma semana en la que ella y yo habíamos estado merendando, y me acordé de lo que le dije de que con la tarjeta se podía pagar. Podéis llamarme mal pensada, pero estoy segura de que no cogió la tarjeta esa noche para evitar pagar nada. Sabiendo que nosotras si llevaríamos dinero.
Nos sentó como el culo y la noche se vino un poco abajo porque nos sentimos utilizadas. Le dijimos que eso no podía seguir así y ella no entendía por qué nos molestaba. Le dije que lo pagaba yo, pero que me hiciera un bizum en ese momento.
Me respondió que tenía que descargarse la app de nuevo porque le daba problemas, y que con la cobertura del bar no podía, que cuando llegara a casa lo hacía. Han pasado 2 semanas desde entonces y, para sorpresa de nadie, no he recibido el puñetero bizum.
Así que, crucificadme si queréis, pero mi amiga es la persona más rácana y aprovechada de la historia.