Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Me casé hace cuatro años. Mi vestido está guardado en casa de mis padres, limpito, en su funda, con mis recuerdos y esas cosiñas. No me lo pongo para ir al Mercadona, evidentemente pero es MI vestido. Pues el otro día en una comida familiar mi cuñada empieza con que los vestidos de novia están carísimos, que si vaya robo, que si gastarse 2000 euros en una cosa de un día es de locas…
Y de repente me mira y suelta: Pues tú me podrías dejar el tuyo, que era precioso
Yo me reí porque pensé que era broma. Pero no. La tía iba en serio. Y mi suegra ya con cara de anuncio de turrón diciendo que sería precioso que el vestido siguiera en la familia. Encima me dice que lo cuidaría muchísimo y que solo habría que llevarlo a una modista para adaptarlo a su cuerpo.
Ah vale fenomenal. O sea que no solo te dejo mi vestido de novia, encima lo vas a cortar, meter, sacar, ajustar y devolverme un Frankenstein
Mi marido dice que me entiende pero que total yo no lo voy a volver a usar, pues tampoco voy a volver a usar el cordón umbilical de mi hijo y no por eso lo presto para manualidades.
Que se compre uno de segunda mano, que lo alquile, que vaya de Zara, que se ponga una cortina bonita con cinturón si quiere. Pero mi vestido no.
¿Soy una materialista de mierda o es normal no querer prestar tu vestido de novia? En el momento dije que me lo pensaría pero cada vez lo tengo más claro, la cosa es que me hacen sentir una cutre…