Buah, me subo por las paredes ante el comentario de mierda que ha hecho mi amiga cuando le he enseñado mi disfraz. Al ver su cara ya me imaginé que no le gustaba, me digo muy seria que me lo probara y lo hice. Entonces me observó de arriba a abajo y me suelta: no es apropiado para tu peso.
¿Perdona, bonita?
Al ver mi cara quiso aclararlo: “se te ven las lorzas, te marca mucho el culo y te lo hace aún más grande y la verdad es que enseñas mucha pierna. Yo me pondría algo que me cubriera hasta las rodillas para no enseñar la celulitis y los muslos y que me cubriera el tronco entero sin enseñar barriga”.
Vamos, en pocas palabras que no soy digna de vestirme como me salga del toto porque supongo que le hago pasar vergüenza ajena. Cuando vio que se me saltaban las lágrimas, se disculpó diciendo que solo quería ser sincera por mi bien.
No le dije nada a propósito, ¿se piensa que ha ganado? Pues se va a joder porque ahora tengo clarísimo que lo voy a llevar precisamente porque no es apropiado para mi peso y si se avergüenza, deja muy claro donde está su empatía y el valor de amistad.
¿Hasta que punto el “sincericidio” sirve como excusa para soltar mierda por la boca sin importar el daño que hagas?
