Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Me toca dramita. Hace dos días recibí un mensaje que me dejó loca. Era una invitación a la boda de mi ex con la chica por la que me dejó.
No sé ni por dónde cogerlo. No hemos hablado en más de un año que tuvimos que solventar unas cosas de dinero y quedamos ‘bien’. Yo pasé mi duelo, lo bloqueé un tiempo, lo desbloqueé por curiosidad malsana y hasta ahí. Así que ahora que me llegue esta invitación… ¿qué se supone que tengo que hacer con esto?
¿Va en serio? ¿De verdad espera que yo aparezca ahí me siente en una mesa con su prima de Albacete y le aplauda cuando diga “sí quiero” a la tía que conoció mientras aún estaba conmigo?
No me lo planteo. Ni por asomo. Pero me raya que me lo haya mandado. ¿Es por quedar bien? ¿Es culpa católica? ¿Es para que vea lo feliz que está? ¿Es venganza? ¿Es ego? Porque no sé tú, pero si yo estuviera con alguien a quien amo y estuviera feliz, ni se me pasaría por la cabeza invitar a mi ex a compartir ese momento. Ni por educación. Y ya no te digo que ella vea el visto bueno. Hasta pienso si ha sido una equivocación pero no porque pone mi nombre y ha sido a mi casa.
