Me divorcié hace dos años del padre de mis hijos, y para mí la prioridad siempre fue que tuviéramos una buena relación para que ellos no se veían afectados. Me tuve que tragar muchos momentos de rabia, momentos de tristeza y las ganas de matarle más de una vez por acabar con nuestra familia y con mis sueños. Sin embargo, la realidad es que al poco tiempo acepté que el amor se acaba, qué tal vez no trabajamos lo suficiente en mantener la llama que nos unió. Pero si había una cosa que desde el principio nos atrajo el uno del otro, fue la complicidad que sentíamos y la amistad que creamos.
Así que, después de asistir a varias charlas con la psicóloga, decidí que lo mejor era enterrar el hacha de guerra y mantener nuestra amistad.
No fue fácil, pero mereció la pena porque a día de hoy tenemos todos una relación estupenda.
El único problema es que él me sigue contando sus preocupaciones, como si yo fuera su pareja y no sé cómo parar esto. Está bien que se desahogue de vez en cuando pero hay cosas que no necesito o quiero saber, como si tiene problemas con su actual pareja, o dificultades económicas.
Me estoy planteando volver al psicóloga para ver cómo tratar este tema, sin cargarme todo lo demás, por lo que he luchado.
