Buenas foro y foreras. os cuento . Tengo que reconocer que siempre quise una boda grande: vestido blanco de princesa, finca, muchos invitados, fiestón y todos los detalles del mundo.
Pero no a toda costa, está claro. Cuando le conocí, ya pude intuir que una boda así no sería su estilo. Ni en su cumpleaños le gusta ser el centro de atención ni juntarse con mucha gente. Así que entendí que no tendríamos la boda de mis sueños y no me importaba. Nuestra relación fue avanzando, primero viviendo juntos y después firmando una hipoteca.
Siempre me decía que podíamos firmar los papeles cuando yo quisiera, que él estaría feliz de ser mi marido. Hasta hace unos meses, cuando me dijo que teníamos que encontrar un punto intermedio, que por mí estaba dispuesto a ponerse un traje y hacerse fotos bonitas. Lo hablamos despacio y decidimos una boda pequeña solo con padres y hermanos. Pero con mi vestido de novia de Pronovias, fotógrafo y una buena comida.
La ceremonia sería en el juzgado de Segovia que nos asignaron (porque él es de allí, aunque vivimos en Madrid) y buscamos una casita rural con habitaciones para todos para pasar todo el sábado allí. Seleccionamos un buen catering y tratamos de cuidar todos los detalles. Queríamos una boda pequeña, pero especial.
Él tiene un hermano y una hermana. Yo tengo dos hermanos y una hermana. Todos con niños pequeños. Igual que nuestros padres, se alegraron mucho con la noticia. Les dijimos que Segovia no estaba muy cerca; tendrían que ir el sábado por la mañana y volver el domingo por la tarde. Todos nos dijeron que sin problema.
Llegó el día de la boda y mi ilusión era infinita. Durante la ceremonia iban a decir unas palabras mi hermana y su hermano. Imaginaba todo sencillo y con mucho sentimiento.
Dormí en casa de mis padres, siguiendo la tradición. Mi padre alquiló un coche de época y él me iba a llevar. En el juzgado ya me habían dicho que eso de que se retrase la novia es muy de película, pero que con la agenda apretada que tenían (era sábado por la mañana y se les acumulan las bodas), no había margen para llegar tarde si quería casarme. Calculamos para aparecer cinco minutos después que el novio y los invitados.
Llegamos, y nada más bajar del coche, me esperaba mi novio. No entendí nada; él debía estar dentro para que yo hiciera mi entrada del brazo de mi padre. Me dijo que mi hermana y su familia no habían llegado todavía. Me quedé blanca. Pensé lo peor: un accidente. La boda daba igual. Me dijo que no, que habían salido tarde y estaban de camino. Me quedé más blanca todavía. Pedí un móvil y la llamé; me dijo que lo sentía y que todavía les faltaba un rato. ”¿Cuánto tiempo?», grité. Decía que no sabía calcular, pero que al menos quince minutos y después tendrían que aparcar.
Entré al juzgado a llorar mis penas, a preguntar si nos podíamos retrasar, a dejar nuestra boda para el final del día. Respondieron que imposible, que si no empezábamos ya, ni nos daría tiempo a hacer unas fotos después dentro. Dudé, la verdad es que dudé mucho; mi hermana es de las personas más importantes de mi vida. Pero al final dije que teníamos que empezar.
Pasé toda la ceremonia acordándome de ella y de sus hijos. Un momento precioso acabó totalmente empañado. Cuando tenía que hablar mi hermana, salió uno de mis hermanos e improvisó unas palabras que, por suerte, quedaron preciosas.
Terminó y empezamos con las fotos. Justo ahí apareció mi hermana con sus hijos (sin su marido, porque se había ido a aparcar). Mi hermana me dijo que lo sentía muchísimo y que no había calculado bien el tiempo. No le echó la culpa a los niños, cosa que agradecí. Asumió que se había equivocado.
Todos cometemos error y es mi hermana; no le voy a tener rencor toda la vida. Al final es un boda y no es el día a día, ya que siempre puedo contar con ella. Pero qué rabia que se perdiera un momento tan especial para mí.
Al menos pudo salir en las fotos que hicimos juntos. Y el resto del día formó parte. Hasta le pedí por la tarde que dijera las palabras que tenía previstas decir, y eran preciosas. La comida, la casa rural, todo lo demás salió perfecto y fue inolvidable.
Espero que en unos años me acuerde de esto y sea una anécdota sin más. Pero ahora mismo me duele mucho….. esa es la verdad.
