Ayer tuve una conversación con mi hija pre adolescente. Cuando me soltó esta perla: Prefiero pedir opinión al Chatgpt antes que a mis amigas. Trece años tiene la criatura. Y me he quedado en shock desde entonces.
Estaba yo tomándome un café tranquilamente mientras escrolleaba un rato en Instagram, viendo vídeos de recetas y tíos buenos, cuando vino mi hija a decirme que tenía un problema. Yo, madre entregada, y no queriendo conjurar la ira de una casi adolescente, solté el móvil de manera inmediata y le presté toda mi atención.
Su problema es que le han invitado a la fiesta de cumpleaños de una compañera de clase. Y no sabía, uno, qué ponerse, y dos, qué regalar a la cumpleañera. A ver, lo de qué ponerse es un problema recurrente. Cuando le da el tabardillo, pues me la llevo de compras, le dejo que coja una o dos prendas, y crisis resuelta.
Respecto al tema del regalo, le pregunté cuáles eran las aficiones y gustos de su compañera. Me dijo que no sabía muy bien. Bueno, pues cómprale algo de ropa, si te parece. Pero seguía dudando. A lo que se me ocurrió proponer que hablara con el resto de invitadas a ver qué habían pensado. Vamos, el típico “pregúntale a tus amigas” Y me suelta que, puf, antes que preguntarles a esas, prefiero preguntarle al Chatgpt.
No exagero cuando digo que se me descolgó la mandíbula por la estupefacción.
A ver, ¿cómo va a ser lo mismo? Pero mama, si todo el mundo lo hace. Yo le pregunto opinión de un montón de cosas y me aconseja súper bien. Que, por lo visto, es normal y común preguntarle a la inteligencia artificial por tus cuitas.
Que hay muchas veces que prefieren, en lugar de escribir un WhatsApp en el grupo de amigas, abrir el Chatgpt y ponerse a hablar con él. ¡A hablar! Que le cuenta hasta como le ha ido el día cuando se aburre. Que lo tiene casi como un confidente, por lo que me explica. Una mezcla de diario personal y mejor amigo.
Que no se siente juzgada, que le anima, que le acompaña, que siempre está disponible y le contesta de manera inmediata.
Igual estoy exagerando, pero a mí me parece peligroso. Primero porque aún la educación digital está en pañales a estas edades. Y segundo porque están delegando sus decisiones vitales y emociones a una máquina. Están estableciendo relaciones de amistad totalmente despersonalizadas, alentadas por una cercanía virtual artificial. Y se creen lo primero que les dice, sin contrastar. Eso para mí es de una toxicidad increíble. Porque les crea dependencia y están reduciendo el contraste social real.
Ya sé que la tecnología no es malvada por sí misma. pero la inteligencia artificial se nutre de lo que le proporcionan los usuarios, se alimenta de la información disponible en internet, y esa información recoge la realidad desigual que existe actualmente.
¿En qué momento nuestros adolescentes han cambiado las relaciones personales de amistad por el trato con una máquina? Llamadme paranoica, pero esto no puede acabar bien de ninguna de las maneras.
