Buenos días de semana santa foro.
Soy madre de un niño de 7 años que por diversas circunstancias emocionales que no detallaré aquí, continúa durmiendo conmigo desde hace tiempo. No fue una decisión tomada a la ligera, ni una cuestión de comodidad. Hubo un momento hace unos años, en el que esta necesidad de dormir conmigo se convirtió en una forma de proteger su estabilidad emocional y nunca encontré la manera —ni la fuerza— de forzar lo contrario.
Durante un tiempo no me cuestioné demasiado la situación. Es cierto que no es lo más común, pero tampoco lo considero perjudicial, al menos no desde mi mirada como madre. Sé que llegará el momento de hacer esa transición y confío en que se producirá cuando ambos estemos preparados.
El conflicto ha llegado, sin embargo, desde otro frente. Mi pareja —con la que convivo desde hace cuatro años y no es el padre del niño— ha empezado a decir que esta situación le sobrepasa. Que no puede seguir siendo una especie de invitado en nuestra relación. Que necesita sentirse parte de algo prioritario y no un mero espectador de la vida familiar que ya estaba en marcha antes de él.
Y lo entiendo. Honestamente, lo entiendo. Pero también me duele.
Me duele porque siento que, haga lo que haga, alguien saldrá perdiendo. Porque no sé cómo desplazar a mi hijo de un lugar que ahora mismo aún necesita sin sentir que lo estoy traicionando. Pero también porque no quiero que la relación de pareja que he construido con tanto cuidado se marchite por una circunstancia que ninguno de los dos ha buscado conscientemente.
No tengo una respuesta clara. Solo sé que estoy agotada de sostener equilibrios imposibles y de sentirme dividida en dos cada noche. Me pregunto si otras mujeres han pasado por algo parecido y cómo lograron resolverlo sin herir a nadie de forma irreversible. Muchísimas gracias
