Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Me siento extremadamente sola,
Tengo 34 años, estoy casada y tenemos un hijo con discapacidad.
Me he sentido muy sola en todo el proceso de asimilación y a día de hoy sigo igual con mi familia.
Este tema lo he hablado con mi hermana (sin hijos) y mis padres pero se hacen los suecos..
No recibo una sola llamada, un solo mensaje, las veces que ven a mi hijo es porque él pregunta mucho por ellos, y entonces se lo he llevado a su casa, para que los viera, si mi hermana alguna vez lo ha visto ha sido porque se lo ha encontrado por la calle y mi hijo ha dicho que quería ir con ella, mi hijo le ha llegado a mandar mensajes diciéndole que tiene ganas de verlos..
No soy la hija perfecta, ni la hermana, pero siempre, he estado y me he desvivido por mi familia, esto ellos lo saben porque las veces que lo hemos hablado me lo han reconocido. Mi suegra de tanto en tanto si que pica a la puerta de mi casa para ver a niño y me da mucha «envidia´´ de que nunca sean mis padres o mi hermana lo que pican al timbre, mis padres no son mayores, ya que me tuvieron muy joven, trabajan hasta el mediodía, y jamás he recibido un mensaje de hoy voy a buscarlo al cole y me lo llevo al parque, o un mensaje de como esta el niño, como le va en los hospitales, las revisiones, los especialistas a los que va, el colegio…
Lo he hablado con mi marido y me comenta que son ellos los que se están perdiendo el contacto, pero no puedo parar de sentir nostalgia cuando en el trabajo algunos de los padres de mis compañeros les llama para preguntar si necesita ayuda, si tienen que ir a buscar al niño al cole o simplemente que como se encuentran..
Es verdad que si alguna vez he pedido algún favor (os aseguro que hago verdaderos malabares para no pedir) me lo han hecho, pero siento pena que no salga de ellos, que le explique la situación, pasando mi situación de duelo que llevo interna con mi hijo y me diga, no te preocupes me encargo yo o tan solo, dime si necesitas ayuda.
