Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Cuando a mi tía se le presentó la oportunidad de casarse con mi tío y dejar el pueblo para empezar una nueva vida en la ciudad, a cientos de kilómetros de la que había sido su casa durante dieciocho años, no se lo pensó. En aquel momento, mi madre era muy pequeña y, aunque su intención también era marcharse a la gran ciudad, cuando llegó el momento, la vida rural había cambiado bastante y decidió no volar del nido y formar su familia en el pueblo. Aunque hablan a diario y se visitan con la frecuencia que sus trabajos y sus bolsillos les permiten, supongo que nunca será suficiente, porque ambas están muy unidas a pesar de los kilómetros que las separam.
Todos esperábamos con ansia que llegara el verano para recibir la visita de mis tíos y mis primos, que venían a pasar unas semanas con nosotros en lo que duraban las fiestas de agosto. Era la mejor época del año, incluso más que Navidad, porque por fin estábamos todos juntos y yo veía a mi madre tan feliz que parecía que el corazón fuera a salírsele del pecho. Sin embargo, hace unos tres veranos, notamos a mi tía un poco despistada, su comportamiento era errático y se mostraba un poco distinta. De repente, se le olvidaban las cosas, los nombres, las caras, o hacía cosas como ir a la compra a por el mismo producto varias veces en un mismo día.
Quisimos achacar esos despistes al estrés, ya que mi primo se estaba divorciando y luchando por la custodia de su hija y fue un momento muy duro para ella. Sin embargo, estos episodios se volvieron a repetir. Mi prima nos contaba que, una vez de vuelta a la ciudad, mi tía había empeorado y que incluso había tenido que aflojar el ritmo de trabajo y echarle una mano en la empresa familiar porque mi tía estropeaba todos los encargos, ya que era como si se le hubiese olvidado cómo hacerlo. Finalmente, acudieron al médico y nuestras sospechas se hicieron realidad cuando nos informaron de que mi tía padecía alzhéimer.
Toda la familia lo pasó muy mal,mi madre se moría de pena por no poder estar más cerca de mi tía, así que mi prima intentaba llevarla al pueblo cada vez que tenía ocasión para que ambas estuviesen juntas. Sin embargo, con el paso del tiempo, mi tía empezó a mostrar señales que indicaban que ese cambio de rutina le afectaba negativamente, volviéndose más olvidadiza durante los días que pasaba en el pueblo. Por eso, mis primos y mi tío tomaron la decisión de no mover demasiado a mi tía de casa y desde entonces, no ha vuelto a salir de la ciudad por su bienestar mental. Lo cierto es que desconozco si esto es así desde el punto de vista médico, pero así se tornaron las cosas.
Con el paso del tiempo, fue mi madre quien al ser consciente de que mi tía estaba empeorando, empezó a viajar a la ciudad para aprovechar todo lo posible el tiempo a su lado mientras que su hermana fuera capaz de reconocerla. Cada vez que iba, encontraba a mi tía un poquito peor, quien se ponía muy nerviosa al verla aparecer. Supongo que a pesar de que reconocía a su hermana, olvidaba muchas cosas sobre ella y era consciente de que algo no iba bien; cuando esos momentos de lucidez aparecían, los ataques de ansiedad se comían a mi tía. Al final, mis primos y mi tío hablaron con mi madre y le pidieron que no volviera durante un tiempo porque sus visitas no le hacían bien.
Con todo el dolor del mundo, mi madre dejó de ir a ver a su hermana y tuvo que contentarse con las llamadas telefónicas, a pesar de que llegó un momento en el que mi tía no decía más que cosas sin sentido. No obstante, llegó un día en el que mis sobrinos hicieron la comunión y mi hermano quiso invitar a toda la familia, incluyendo a mis tíos y a mis primos. Mi tía se puso como loca de contenta y contaba los días que faltaban para volver a vernos y estar juntos. Fue entonces cuando mi prima se puso en contacto con mi madre y le ordenó que no mencionásemos la celebración ni por whatsapp ni por teléfono porque mi tía se alteraba mucho. Nuevamente, nos hicimos un nudito en el corazón y por el bien de mi tía hicimos caso a las peticiones de mi prima.
Días antes de la comunión, nos enteramos de que no iban a venir, ya que en palabras de mi prima «mi tía no estaba en condiciones, que ella estaba muy cansada de tener que estar pendiente de su madre». Cuando quisimos hablar con mi tía, tiempo después, nos encontramos con que ya no tenía número de teléfono propio ya que, en palabras de mi prima “no le hacía ya ninguna falta y lo que quisiéramos decirle, ella se lo podía transmitir porque su madre no estaba para tonterías”.
No sabíamos qué hacer ni qué decir, no podíamos contactar con mi tía directamente de ninguna manera. Desde entonces, mi prima se niega a pasarle el teléfono a mi tía y no hemos vuelto a hablar con ella, aunque hemos llegado a suplicar a mi tío y mis primos que intenten hacer entrar en razón a mi prima, pero parece ser que ellos están de su parte. Todos sabemos y en especial mi madre, que es cuestión de tiempo que mi tía nos olvide por completo a todos y que el alzhéimer nos la arrebate, pero a mi prima parece cegarle el egoísmo o la tozudez de no querer hacerse el cargo de que lo inevitable está por llegar.
Anónimo.
