Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Y no hablo de herencia, hablo de su dinero actual. Aunque decir “dinero actual” suena a que lo tuviese, pero no es el caso.
Mi madre tiene 82 años, y legalmente nunca trabajó. Digo legalmente porque ha cuidado de todos, de sus hijos, de sus nietos, de sus padres, de su marido… pero nunca llegó a cotizar. Realmente fue su marido, mi padre, el que no le permitió trabajar. Decía que él ganaba dinero suficiente y sí, es cierto, mi padre ganaba lo que a día de hoy serían casi 4000€ al mes. Era dueño de varios negocios y propiedades, pero la enfermedad llegó. Al principio fue gastando sus ahorros y posteriormente vendió uno a uno los negocios (no sus propiedades) al fin de crear un hospital en casa, además de que la Seguridad Social no cubría ni el 70% del tratamiento, el cual eran más de 50€ diarios.
Mi madre en ese momento empezó a obsesionarse y retirar dinero del banco en grandes cantidades para esconderlos en casa por si acaso. Durante ese tiempo, la pareja que siempre iba a bailar los fines de semana, que disfrutaban de sus nietos en el parque y que iban a todas y cada una de las vacaciones del IMSERSO, se vio recluida en casa.
Algo durante ese tiempo debió de hacer click en el cerebro de mi madre, porque comenzó a “escaparse” de casa a escondidas y volver con una docena de bolsas de ropa. Empezaba a cocinar con vestidos de más de 200€, a fregar con lejía con botas carísimas, a ocuparse del huerto con un abrigo de cuero… cosas ilógicas.
Finalmente mi padre falleció después de largos años. El día de su entierro mi madre llevaba unas gafas Chopard de casi 2000€ que jamás le había visto. Que sí, que yo estaba atenta a lo que tenía que estar, pero realmente no me lo podía quitar de la cabeza.
Mi madre recibió toda la herencia de mi padre, asi lo habían estipulado. Mis hermanos y yo somos usufructuarios de todo a partes iguales, algo que siempre supimos.
Hace unos años mi madre comentó que vendería unas propiedades. Nos extrañamos, aunque realmente era su dinero, no nuestro. Cuando le preguntamos si había algún motivo dijo que “El dinero va y viene, hay que disfrutarlo”. Pues tenía razón, para que decir que no, si sí.
El problema fue que ese dinero lo usó para más y más ropa. Ropa para ella, sábanas y mantas, cortinas nuevas, vajillas… un absurdo. Decidimos que había que sentarla delante de un médico, porque esto ya era más extraño que otra cosa.
No hubo un diagnóstico, más bien pasotismo. Mi madre continuó puliendose todo el dinero y antes del día 1 de cada mes ya estaba en rojos. Nosotros íbamos haciéndole las compras hasta que mi hermano se hartó. No podíamos estar gastando un dineral cada mes solo para que nuestra madre continuase llenando todos los armarios de casa. La única forma que teníamos de que esto parase, era pedir su tutela, la cual no nos autorizaron por no haber un aval médico que lo corroborase. Tratamos de que la tutela entonces la tuviese la Administración Pública (o como se llame), pero estábamos en las mismas.
A día de hoy mi madre ya no tiene ninguna propiedad a su nombre, solo en la que vive, que le prohibimos explícitamente que la tocase. No por el dinero en sí, sino por tener asegurado un techo en el que vivir hasta el fin de sus días. Nosotros seguimos haciéndole la compra y ella sigue gastando lo poco que tiene en tonterías. Llegados a este punto, no tenemos ni la más remota idea de qué hacer con ella y su consumismo.
