No quiero que le hagan daño, no quiero que se rían de ella, no quiero que sea la comidilla del pueblo…
Y sí, lo sé, sé lo que me vais a decir. Que ella ya es adulta, que ya tiene que saber perfectamente lo que quiere y lo que no, que tiene que importarme menos lo que piensen los demás y sí, tenéis toda la razón del mundo, pero no puedo evitar preocuparme.
No puedo evitar preocuparme porque la quiero, porque la conozco y porque le han partido el corazón más veces de las que debería soportar una persona en su vida.

Dejando atrás el tema de mi padre, que evidentemente fue el peor de todos y yo de esa no hubiera remontado, después no ha parado de intentarlo. Meetic, badoo, Tinder (sí, ha tenido Tinder), citas a ciegas en bares y… y se ríen de ella. Y ella se ilusiona, se pone contenta, se cree lo que le dicen todos los señores con pánico al compromiso que solo quieren echar un polvo y yo me muero de pena.
Ver cómo le pasa en televisión delante de todo el mundo… pues no me hace ninguna gracia, la verdad.
¿Qué hago? ¿No le digo nada o le digo que no crea que sea buena idea que vaya?