No es que se le olvide dónde ha dejado las llaves porque eso nos pasa a todos. Es que el mes pasado me llamó tres veces en el mismo día para contarme lo mismo sin recordar que me lo había contado. Es que el otro día se quedó a mitad de una frase mirando al vacío durante un rato que se hizo muy largo antes de retomar el hilo. Es que hay conversaciones que tenemos y que a la semana siguiente para ella no han existido nunca.
Lo he intentado hablar con mi padre dos veces. Las dos veces me ha dicho que son cosas de la edad, que él también se olvida cosas, que tampoco hay que dramatizar. Mi padre tiene 75 años y está perfectamente y creo que en el fondo lo ve pero que verlo implica enfrentarse a algo que no quiere enfrentarse y que es más fácil decirme que exagero que reconocer que algo está pasando con la mujer con la que lleva cincuenta años.
Con mi madre es todavía más difícil porque ella misma no lo ve o no lo quiere ver y cuando le digo algo se pone a la defensiva y me dice que está perfecta y que siempre he sido muy dramática. Esa última parte me duele especialmente porque lleva toda la vida diciéndome que soy dramática cada vez que señalo algo que no le gusta escuchar y ahora esa frase está haciendo que una cosa que necesita atención no la reciba.

Tengo dos hermanos. Uno vive fuera y dice que cuando viene a verla le parece que está bien, que igual es que yo la veo demasiado y me fijo demasiado. El otro directamente no quiere meterse en el tema porque dice que si nuestros padres dicen que están bien hay que respetarlo.
O sea que estoy sola en esto. La única que dice que hay que ir al médico, que hay que hacer una valoración, que cuanto antes se detecte algo antes se puede hacer algo, y todos a mi alrededor tratándome como si estuviera inventándome un problema para llamar la atención.
No me estoy inventando nada. Y el tiempo que pasa mientras todos miran para otro lado no vuelve.