Hola chicas. Escribo esto a modo de desahogo, porque la supuesta enfermedad de mi madre me ha afectado toda la vida y creo que los de mi alrededor no me entienden. Y sí, digo supuesta.
Os cuento. Mi madre es una mujer de 70 años que dejó de trabajar a los 38 por una supuesta enfermedad que ningún médico ha diagnosticado.
Ella se casó con 21, tuvo a mi hermano a los 22, y a mí a los 32. Trabajaba limpiando en unos apartamentos turísticos de la costa. Era un trabajo duro, pero dado que nunca ha estudiado, es lo que había. El caso es que con con 38 se «resfrió». Y lo pongo así porque es lo que siempre me han contado, ya que yo tenía sólo 6 años. Se pasó bastantes semanas en la cama y mi abuela, que vivía enfrente, la atendía. Cogió la baja y luego dejó el trabajo, porque no se encontraba bien.
Le hicieron mil y una pruebas: asma, tuberculosis, autoinmunes, alergias… He pasado mi infancia entre médicos, acompañándola a todos, aunque más allá de decirle que los resfriados le duraban mucho, todo estaba bien, incluidos tacs y radiografías.
Dejó de trabajar «porque se cansaba». Claro, los demás no nos cansamos.
Mi padre se vió con una mujer que no salía de la cama, una niña pequeña y un adolescente, por lo que empezó a trabajar los 7 días de la semana para compensar.
Alrededor de mi madre se dispuso una red de cuidados. Mi abuela limpiaba y cocinaba, mi abuelo me llevaba al cole y me recogía. Las pocas veces que salía al parque era porque mis tías me llevaban. En casa todo eran gritos, porque estaba cansada y frustrada. A mi padre ni lo veía. Mi madre seguía diciendo que estaba enferma pero ninguna prueba indicaba nada raro.
De niña, no podía hacer trastadas o nada porque eso pondría «enferma» a mamá. No podía irme mucho tiempo con las amigas por si ella me necesitaba.
A todo esto, mi hermano se fue a la universidad a los 18 y prácticamente solo ha vuelto de visita.
A los 16 me puse a trabajar para pagarme mis estudios. En ese entonces ella lavaba la ropa de mi padre y suya, pero no la mía. Así tenía algo que hacer y no pasarme el día sentada. Al parecer, en el supermercado trabajaba sentada.
Ha llegado a echarme en cara que iba a mis exámenes universitarios en lugar de quedarme en casa ciudándola en sus resfriados.
Porque sí, 29 años después de que enfermara, lo único que le han dicho los médicos es que los resfriados le duran mucho y cuando se resfría tiene mucha tos.
Ha perdido a las amigas porque ella nunca las llamaba ni iba a visitarlas, que para eso era ella la enferma y debían llamarla (dicho así, tal cuál, por ella).
No ha cotizado. No ha pedido la incapacidad (ni de coña se la daban). No ha querido estudiar. Ha llegado a estar 3 meses sin salir de casa. No quiere ir al psicólogo y ya no va al médico, porque no le encuentran nada y se enfada con ellos.
Yo, por muchos motivos que dan para varios post la visito una vez al mes. Mi hermano, más o menos igual. En casa está, con mi padre, que tiene el cielo ganado.
Y nada, sólo quería desahogarme y contaros como mi madre y su «enfermedad» han condicionado mi vida.
