Hola chicas. Quiero dejar claro que escribo esto muy cabreada, así que es posible que no sea del todo imparcial ni justa, pero tengo un enfado que me consume.
Mi marido y yo nos casamos hace poco. Hemos tenido las discusiones normales de cualquier pareja, y alguna más, para qué mentir, pero desde hace un tiempo empiezo a sospechar que provoca estas situaciones por gusto.
Compramos una casa y poco después me quedé embarazada. Desde entonces todo se vino abajo. Me encargué yo sola de guardar todo en cajas, contratar la empresa de mudanza, hablar con la gestoría, la inmobiliaria, etc. Él solo desmontó su oficina y algunos muebles, además deprisa y corriendo el mismo día que venía el camión. Esto acabó en discusión porque no es justo que yo, embarazada, con vómitos, fatiga y un embarazo de alto riesgo, cargara con todo.
Hablamos de contratar a una señora de la limpieza para dejar el piso bien y recuperar la fianza. Se negó diciendo que era caro y que lo haríamos entre los dos. Al final limpié yo casi toda la casa y acabé arreglando desperfectos de los que supuestamente se iba a encargar él.
Al llegar a la casa nueva pasó lo mismo: yo coloqué cajas, organicé todas las habitaciones y él solo su despacho, que tres meses después sigue sin terminar. Otra discusión más.
Cuando empezaron las reformas yo estaba en un punto del embarazo en el que me encontraba muy mal. La matrona me habló de depresión prenatal, de que ,por las características de mi embarazo necesitaba calma y por eso decidí dejar de cargar con todo y delegar en él. Fue lo peor que pude hacer. No hizo nada, por mucho que se lo recordara. Por ejemplo, él tenía el contacto del carpintero para poner las puertas que faltaban y dejó pasar meses sin mover un dedo.
Vivimos en una casa baja, mal aislada y con muchísimo frío. Llegué a vivir durante meses encerrada en una habitación interior con un calefactor 24h porque sin puertas el resto de la casa era inhabitable (hablamos de 8 grados). Comía, dormía y pasaba el día ahí, mientras él salía, quedaba con amigos o se iba a su despacho a jugar al PC (una de las pocas cosas que sí montó). Yo pasaba el día sola, en depresión y en una casa a medio hacer.
El día de mi cumpleaños me dijo, orgulloso, que por fin había hablado con el carpintero y que ya tenía la puerta… pero a cachos, sin cortar, con piezas que faltaban y sin instalación. Reventé, sobre todo por el tono de “mira qué bien lo he hecho”. Otra discusión.
Cuando me preguntó qué quería de regalo le dije que una manta eléctrica, un brasero o algo para el frío. Me dijo que era muy caro y que había que ahorrar. Como la situación económica era complicada, lo entendí y cancelé lo que iba a ser mi cumpleaños: solo iba a invitar a cuatro amigos a tomar café. Esa misma noche me llegó un cargo de 1.200 €. Resultaron ser “sus gastos del mes”: quedadas con amigos, caprichos para él, etc. Mi regalo era inasumible, pero él se había gastado todo. Tuve que cancelar mi cumpleaños por eso. No pude ni invitar a 4 amigos a un café.
Con el género del bebé quise hacer una pequeña reunión en casa, algo sencillo, con juegos de mesa, para que los amigos cercanos descubrieran el nombre y el género. Lo organicé con mucha ilusión y le pedí expresamente que no dijera nada antes. Tardó dos días en contárselo prácticamente a todos sus amigos. Lo hizo a mis espaldas y también delante de mi .Le pedí que se callara, se lo advertí incluso antes de salir de casa, pero le dio igual y siguió dando «pistas» tan obvias hasta que uno lo adivinó y fastidió la sorpresa.
Cuando le recriminé su actitud, lo único que saqué en claro es que quería sentirse importante. En esta ocasión ni me miró a la cara, siguió jugando con el teléfono como si lo que le estuviera diciendo no fuera con él.
Todas estas discusiones tienen algo en común: siempre admite que es su culpa, pero nunca pide perdón ni se arrepiente. Sabe perfectamente lo que hace cuando lo hace y, cuando toca dar explicaciones, se limita a decir que es una mierda, a victimizarse y a seguir con su vida, dejándome a mí con una rabia e impotencia que me carcome.
He llegado a la conclusión de que disfruta jodiéndome la vida, los planes y todo lo demás. Lo hace adrede, no se responsabiliza de nada y nunca pide perdón porque no se arrepiente. La idea de separarnos me ronda cada vez más por la mente pero no sé si es una respuesta exagerada a estos problemas o son algo que se puedan arreglar de alguna forma. Lo que tengo claro es que estoy harta de quedarme con la rabia y ser yo la dañada siempre.
Gracias por leerme.
