Llevo años escuchando como mi suegra dice que el día que no se encuentre bien, prefiere que la metan en una residencia para no ser una carga para nadie. Lo tenía clarísimo y lo único que quería es que la visitaran a menudo. De joven ella tuvo que cargar con sus padres, y eso le restó mucho tiempo de su vida y muchos dolores físicos, porque cada vez era más difícil, por eso siempre les ha dicho a sus hijos que ella no quiere repetir el mismo patrón.
Ahora tiene 79 años y empieza a tener problemas físicos que la impiden ser independiente y autónoma. De cabeza está bien, gracias a dios, pero ya no se vale por sí misma. El otro día en la cena de su cumpleaños le dijo a sus hijos que había llegado el momento de buscar residencia y mi marido se negaba. Mi cuñada dijo que no había problema, que se ponía ella a buscar alguna que estuviera bien pero mi marido diciendo que no, que a su madre no le metían en una residencia.
Propuso que ambos se encargarán de ella, turnándose las semanas o meses que la tendrían a su cargo y yo me quedé muerta, porque a mí ni siquiera me preguntó.
Su hermana dijo que ella no podía hacerse cargo de su madre, y mi suegra, que siempre había predicado lo de la residencia, se quedó callada y no decía nada.
Al volver a casa, después de un momento con muchísima tensión, mi marido me dijo que él quería que se mudara con nosotros definitivamente si su hermana no estaba dispuesta a ayudar.
Entiendo cómo se siente, pero no sé si yo estoy preparada para hacerme cargo de ella y perder mi intimidad y mi libertad de mi propia casa. Es una buena mujer, pero tiene muchísimas manías y sé que la convivencia no sería fácil.
