Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Mi pareja tiene muchos detalles feos a nivel económico desde que lo conocí. Llevamos casi dos años y se lo he dicho muchas veces. Él cambia un par de días pero luego vuelve a lo mismo, y otra vez me hace algún detalle feo.
Os podría contar mil ejemplos. Uno muy tonto: estar en su casa y que me saque una bolsa de verdura congelada para cenar, cuando sabe que tiene otras cosas que me gustan más en el frigorífico. Ya sé que así contado parece una queja sin importancia, pero creedme que hay muchos detalles así y duelen.
Cada uno vive en su casa porque no conseguimos organizarnos, sobre todo por este tema. Yo tengo un sueldo muy bajito y él gana más, pero últimamente estoy intentando poner lo mismo que él para ver si así entiende que compartir es cosa de dos.
Los comienzos fueron duros. Él vivía con su madre y yo me desvivía para que cuando viniera a mi casa tuviera cenas ricas, hechas con cariño. Pero luego, cuando salíamos, parecía que no se daba cuenta de que yo no tenía trabajo y no podía permitirme según qué cosas. Siempre dándole vueltas a dónde ir, y acabábamos tomando una cerveza… justo a la hora de cenar. Eso sí, cuando íbamos con su familia, ahí sí que nos invitaba. Era la única forma de salir a cenar de verdad.
Cuando empecé a trabajar, le invitaba yo también o me proponía poner un fondo común, pero al final siempre acababa teniendo algún gesto feo. A veces dudo de mí misma. Me pregunto si estoy siendo una pesada o si me estoy obsesionando con esto, pero es que los detalles siguen.
Un día voy a su casa y me pone sopa de macarrones… en pleno verano. No es grave, lo sé, pero me gustaría que se esforzara un poco más. Y han sido muchas veces cosas así. Otra vez me dice: “Este finde voy justo, vamos a casa de mi madre a comer”, y al final no fuimos, y acabamos en el McDonald’s, donde él se pidió no sé cuántas hamburguesas, que hasta sobraron. Le dije: “¿Pero por qué pasas de un extremo al otro?” Y él: “Pues si voy, voy”. Y claro, todo eso me deja descolocada.
Yo creo que él tiene alguna herida con el tema económico y las mujeres. Y yo también, pero al revés: me obsesiono, me genera ansiedad, sobre todo los fines de semana, cuando sé que vamos a tener que organizarnos con la comida.
Durante mucho tiempo, cuando él venía a mi casa, yo compraba y cocinaba. Hasta que me cansé. Le quiero, de verdad, pero esto me agota. Porque ya se lo he dicho muchas veces y no cambia.
Hace poco me apunté al gym y pagué tres meses. Y me dijo: “Si no tienes para esto, no tienes para el gimnasio”. Pero es que yo necesitaba hacer ejercicio, necesitaba ese espacio para mí.
Él me apoya mucho emocionalmente, eso sí, y siempre quiere estar conmigo. Pero a veces voy a su casa, que está a 40 minutos, y me gustaría que se currara un poco más las cenas. Ahora al menos lo intenta, pero ha habido etapas donde ni eso.
Y nada, esto es así una y otra vez. Me encantaría que no fuera así, pero no cambia. Le cuesta muchísimo compartir conmigo.
