Siempre había querido estudiar Biología Marina. Me parece importantísimo y urgentísimo conservar y gestionar los ecosistemas oceánicos, ya que son fundamentales para la vida en la Tierra. Además de que soy una apasionada de la vida marina.
Y con mucho esfuerzo y muchas horas de estudio, conseguí la nota media suficiente para entrar en la carrera de mis sueños.
Todo parecía de color de rosa desde el momento en el que me llegó la notificación de que había entrado en Biología Marina. Yo, feliz, y mi familia súper orgullosos de mí. Al fin y al cabo, siempre se dice que los padres quieren lo mejor para sus hijos. El problema viene cuando ni ellos mismos se ponen de acuerdo en qué significa eso. Porque mi madre me apoya en todo y me dice que yo sólo tengo que pensar en estudiar y en sacarme la carrera a la primera, para ponerme a buscar trabajo en cuanto acabe.
Y luego está mi padre, que dice que sí, que estudiar es lo más importante. Pero lo que no dice es a qué hora, porque, según él, también tendría que estar trabajando desde ya.
A ver, seamos sinceros, no soy ninguna mega máquina del estudio. Consigo resultados a fuerza de ponerle mucho tiempo de dedicación. Y si quiero sacarme la carrera a la primera, sin repetir ninguna asignatura, es innegable que le voy a tener que poner un montón de horas de hincar codos. Cada vez que se lo intento explicar a mi padre, empieza con el manido discurso de que yo a tu edad ya trabajaba para ayudar en casa, y no me quejaba tanto.
Lo que mata es la contradicción que me supone que me exija, no sólo no suspender, si no que tengo que sacar buenas notas. Desprecia mi intención de dedicar mi tiempo al estudio, pero me exige resultados… Si saco malas notas es que no estudio. Pero si no trabajo para ayudar en casa, es que no espabilo. Y la verdad, yo no creo que me esté pidiendo que ayude con la economía familiar, sino que me está metiendo presión de manera encubierta.
Que no es que yo vea mal trabajar mientras estudias, pero si le dedico horas a una cosa no se las puedo dedicar a la otra. No tengo el poder de desdoblar el tiempo a mi antojo, para que me dé para todo. No puedes pedir lo mismo a alguien que estudia y trabaja que a alguien que sólo estudia. Porque el problema no es trabajar, el problema es exigir todo a la vez sin entender las limitaciones de cada uno. Y ya os digo que yo, en cuanto al estudio, las tengo.
Según él, no pide mucho, sólo que lo haga todo a la vez. Y sin quejarme, claro. Me dice que, si me organizase mejor, lo solucionaría todo. No sé, debe pensar que el día tiene treinta horas, porque si no, no lo entiendo.
Al final no sé qué es peor, si los tochos de apuntes que me tengo que empollar más las prácticas de la carrera, o el intentar cumplir con las expectativas de mi padre.
