Texto enviado por una seguidora a [email protected]
Subí una foto en bikini en la playa, con mi hijo en brazos. Nada sexual, nada provocador. Solo yo, feliz, con barriga, celulitis y una cara de “por fin vacaciones” que no podía disimular.
Y va mi padre y me dice por whats: “Es que no entiendo por qué subes esas fotos. Ya no tienes el cuerpo de una jovencita y queda feo que te vean así.”
Sí amigas. Feo. Que te vean así. Como si tener un cuerpo normal, de mujer adulta, de madre, fuera ofensivo. Como si mi cuerpo tuviera fecha de caducidad para poder enseñarse.
Lo peor es que me dolió más de lo que pensaba. Porque es mi padre, joder. Porque crecí con complejos, con comentarios sobre mi peso, con silencios incómodos cada vez que me ponía algo corto. Y ahora con 40 años creyendo que ya me la pelaban esas cosas va y me suelta eso. Y sí me removió.
Encima discuto con mi marido porque me dice que “tampoco es para tanto” y que “él es de otra generación”.
Pues mira me la suda la generación. Estoy harta de que se justifique la falta de respeto con la edad. Harta de que se me exija taparme, esconderme o pensar en el qué dirán solo por tener un cuerpo que no es de revista.
Estoy muy hasta el coño. Gracias por leerme.
