Hola,
Mi pareja y yo tenemos 35 años, 3 de relación y el último conviviendo. Y en los últimos tiempos he perdido totalmente el interés y la ilusión en esto. No me apetece ni hacer la cena (más adelante lo entenderéis). Empezó todo genial, un hombre que me hacía sentir adoradísima, deseadísima. Pero con la convivencia y las costumbres me está sacando de quicio.
Básicamente, en todo lo de la casa, me compara con su madre. Si hago un bizcocho: está bueno pero su madre lo hace no sé cómo que le da un toque que no sé qué. Cuando compré un mejunje para limpiar no recuerdo el qué: qué hago comprando eso, que su madre lo limpia con vinagre de limpieza (precisamente compré el limpiador suave porque el olor de vinagre de limpieza me da dolor de cabeza). Cuando me hizo ilusión hacer una receta polaca: no me gusta, esto mi madre lo hace con un chorrito de aceite y sal y entra de maravilla. Cuando por las prisas (llegué a casa tarde), hice una cena usando una pastillita de caldo: esto hay que evitarlo, mi madre lo hace desde 0, todo natural. Me tuve que morder la lengua para no gritar: bueno, tu madre siempre ha sido ama de casa con todo el tiempo del mundo!!!
Incluso a futuro: cuando tengamos nenes tendrás que hacer A, B y C como hacía nuestra madre con nosotros.
El acabose (para mí), fue ayer: al teléfono diciéndole sus comidas favoritas. Todas de ella. Cuando le pregunté (porque yo soy quien cocina en casa, mientras yo estoy casi una hora haciendo cenas él con dos bemoles en el sofá con algo de picar y su serie favorita): uau, no tienes ni una mía? Me dice: bueno es que son comidas de toda la vida, no te pongas triste cariño, sabes quienes tendrán como comidas favoritas las tuyas? nuestros nenes. Me eché a temblar: sudores fríos de siquiera pensar cuando llegue ese momento, los comentarios que tendré que escuchar.
Por un lado todo esto me parece una chiquillada pero por otro me siento fatal!!! Tengo la sensación de que de alguna forma intenta moldearme para hacer las cosas como las hace otra persona, de que de alguna forma me anula, de que de alguna forma yo y las cosas a mi manera estamos siendo despreciadas. De hecho, me siento así: despreciada y de poco valor. Me siento juzgada en mi «propia casa» y con 35 añazos. Y tengo la sensación de que no estoy con un hombre, sino con un niño de mamá.
Solo por desahogarme.
