Tengo lipedema y toda mi familia lo sabe, incluida mi prima. Pues el otro día estábamos en una comida familiar, en la piscina, y volvió a soltar la bromita.
Me miró las piernas y dijo: «Madre mía, las tienes cada vez más gordas».
No era la primera vez que lo hacía. Ya le he explicado mil veces que tengo lipedema y que no es cuestión de hacer dieta ni de moverme más, pero parece que le entra por un oído y le sale por el otro.
No le contesté. Hice como que iba a por una cosa al coche, cogí mis cosas con todo el disimulo que pude, llamé a mi pareja y le dije que yo me iba. No tenía ganas de seguir allí aguantando comentarios.
Desde entonces no hemos vuelto a hablar y ella debe pensar que me enfadé por una tontería, pero es que llega un momento en que una se cansa.
¿Soy demasiado sensible o también os habríais ido?
