Bueno, pues sí, esto es una segunda parte. La primera es el tema «Mi ex me aterrorizaba», en este mismo foro.
Hago un resumen rápido: básicamente, viví una situación de maltrato con mi ex (que sólo a días de hoy he sido capaz de reconocer como tal) y después de procesarlo todo, de armarme de valor y de leeros a todas (gracias infinitas por el apoyo, porque me ayudó mil), me decidí a buscar ayuda profesional.
La situación ahora es la siguiente. Llevo tres sesiones con una psicóloga (no especializada en maltrato, pero sí en pareja) y hay cosas que me sientan mal, a veces son tonterías, cosas pequeñas… pero me están terminando por afectar y quería preguntaros si lo veis normal o debería plantearme cambiar de psicóloga.
La primera vez que hablamos y le conté el problema me preguntó qué era lo que quería conseguir con la terapia. Le dije que necesitaba entender cómo era posible que yo hubiera caído en una relación de maltrato, que eso me hubiera pasado a mi… me miró con suficiencia (o al menos a mí me pareció suficiencia) y me dijo: ¿y para qué quieres saber eso? ¿De qué te servirá?
Me sentó como un balde de agua fría. Le dije que era una necesidad mía, para entenderme, para re-colocar la imagen que tengo de mí misma. Porque ahora mismo cuando me veo, sólo veo «una maltratada», y necesito encontrar una explicación para poder volverme a ver «entera». Creo que se entiende… me dijo que no, que eso no me iba a servir para nada, me olvidara de eso.
Le hablé del miedo que pasaba durante la relación, de cómo todavía a días de hoy me afecta acercarme a la casa donde sucedió el abuso; como, a veces, he tenido ataques de pánico si tenía que ir allí por cualquier cosa. Su respuesta: «bueno, la ansiedad es la ansiedad. ¿Que te pones nerviosa? Pues te sientas y esperas a que se te pase. Es sólo ansiedad». Todo esto, repito, con un tono más bien brusco.
Cada vez que he ido a sesión diciendo que estaba preocupada por algo, que le daba vueltas a algo (spoiler: soy bastante de darle vueltas a las cosas) su solución era decir «que no me preocupe», «que no piense de más», «que da igual, porque tampoco puedo hacer nada» y cosas por el estilo, que lejos de tranquilizarme, me provocaban más ansiedad.
De hecho, diría que esta última sesión ya estaba yendo a la propia terapia con ansiedad por sus respuestas, si es que eso es posible.
El colmo ya lo he vivido hoy. Estábamos hablando de mi hermano, de mi necesidad de protegerlo siempre, a toda costa, incluso por encima de mi misma. Y en un arranque de sinceridad, le he contado que mi padre, antes de morir (estaba enfermo de cáncer) me hizo prometerle que cuidaría a mi hermano, que era el pequeño, que me encargara de él, que él sólo no podría salir adelante… y me sentía en el deber de hacerlo. Y me ha soltado como una bofetada: «Ya bueno, pero tu padre está muerto. Si no está, no le debes nada».
De verdad que no sé si es normal que me afecten tanto este tipo de respuestas. No sé si el problema lo tengo yo, que no sé encajarlas, o que quizás no sabe ella engancharme a mí y no me ve en la cara que estas cosas me duelen. El caso es que me da una pereza tremenda cambiar de psicóloga, y encima tan pronto, pero me siento totalmente incomprendida, minimizada, ridiculizada, y de verdad que no sé si estoy exagerando o qué pasa conmigo.
¿Alguna opinión? ¿Esto es normal?