Hola a todas. La verdad es que me ha costado decidirme escribir esto, pero acabo de leer el mensaje de «Mi libertad o él…» y me he puesto mala. Muchas dirán que exagero o yo qué sé, pero quería contar mi historia a ver si le abría los ojos a alguien:
Cuando tenía unos 18 años empecé a salir con un amigo, la cosa está en que yo tenía novio y corté con él para empezar a salir con mi amigo (sí, sé que lo hice mal). Bueno, al principio todo era muy bonito y maravilloso, pero poco a poco las cosas se fueron torciendo. Empezó a minarme poco a poco la autoestima con frases muy tontas, pero que ahí estaban. Si hacía algo bien, seguro que me habían ayudado porque yo no iba a ser capaz de hacerlo. Si hacía algo mal, claro, era tonta. Luego llegó el aislamiento, si hablaba con un chico, es que el chico quería aprovecharse de mí y yo era o muy tonta por no verlo o muy puta por dejarme. Da igual si el chico era amigo desde hace años o incluso primo mío. No perdía ocasión para echarme en cara que había dejado a mi ex por él y que quién le aseguraba que no iba a hacerle lo mismo. Parece poca cosa, pero todo iba sumando, poco a poco.
Consiguió que dejara de quedar con mis amigas (las pocas que me quedaban) a solas. Pero él no se perdía una fiesta. Si él salía, yo me tenía que quedar en casa. Solo me atreví una vez a salir con mis amigas y apareció a la hora «de sorpresa» a ver qué hacía y con quién estaba. Claro está, era una demostración de romanticismo porque no podía vivir sin mí. Por supuesto, criticaba mi forma de vestir y siempre iba como una puta.
Además, no perdía ocasión de sabotear fechas importantes para mí. A mi graduación llegó tarde y borracho. Cuando hacía planes con mi familia se encargaba de pelearse conmigo antes para que no tuviera ganas de ir. Recuerdo una Nochevieja que fingió estar enfermo para volver a casa a las 2 de la magrugada y en cuanto me dejó en mi casa, se fue con sus amigos.
Yo pensaba que podía hacerle cambiar y entrar en razón, pero no es así. Nunca es así. Vi la luz cuando uno de esos puñetazos que daba a las paredes, mesas y puertas pasó muy cerca de mi cara.
Eso sí, cuando corté con él, me estuvo acosando meses y menos mal que me fui de mi ciudad a estudiar fuera. No me llegó a poner una mano encima, pero me quedé sin amigas, sin autoestima ni amor propio y tardé años en darme cuenta de lo que me había hecho.
Estad atentas a todas las señales y si vuestra pareja no os hace sentir que valéis ni que sois libres, apartaos de ella lo antes posible. Pedid ayuda si lo necesitais y recordad que siempre habrá alguien dispuesto a echaros una mano.