A mi suegro le diagnosticaron una demencia frontotemporal hace 5 años. Para los que no lo sepáis, esta demencia es como un Alzheimer pero evoluciona de forma diferente. El caso es que es una enfermedad neurodegenerativa y no tiene cura. Mi suegro que es joven y cuando se la diagnosticaron aún trabajaba, ha dejado de ser quien era.
Empezó con pequeños despistes, olvidos anecdóticos y, poco a poco, dejó de poder conducir, dejó de hablar, dejó de reconocer a la gente y, ahora, está a la espera de entrar en una residencia porque ya no puede comer, ni es continente ni puede apenas andar. Mi suegra es su cuidadora principal y lo hace lo mejor que puede, pero hay algo que a mi marido y a mí nos chirría y es que ella tiene el convencimiento de que su marido va a mejorar.
Sigue tratándolo como si no estuviese enfermo, hace videollamadas con él para que vea a nuestra hija y mi suegro ni siquiera sabe mirar a la pantalla. Llama a mi marido para que hable con su padre y el señor no abre la boca. Hace tiempo que tiene problemas para tragar la comida y ella insiste en que sólo es una fase y que se le pasará porque no lo hace todos los días.
Se lo lleva a clases de yoga, porque dice que eso le relaja – está sentado en una silla de ruedas durante toda la clase – y quiere hacerle una fiesta de jubilación con sus compañeros de trabajo porque dice que eso le alegrará.
Mi marido y yo ya no sabemos qué más decirle para que entienda que mi suegro no va a volver a ser el de antes y ahora tiene unas necesidades diferentes y tiene que adaptarse a él y no al revés. Pero ella no escucha, cada vez que queremos hablar del tema nos cambia de conversación o se hace la loca. Creemos que esa actitud no beneficia en nada a su marido y ya no sabemos cómo abordar la cuestión y que nos haga caso de una vez.
