La verdad es que nunca imaginé que si mi marido y yo nos separábamos, perdiese también a mi suegra.
Yo perdí a mi madre con 13 años y empecé a salir con él cuando tenía 16. Su madre me acogió desde el principio con mucho cariño y yo vi en ella a la madre que se preocupaba por mí y por mis cosas.
Han sido más de 20 años de relación con su hijo y con ella, le he dado dos nietas que adora y la he apoyado en todos los malos momentos que ha pasado. Hemos convivido todos juntos en verano, en la casa que tiene en la playa, comemos con ella todos los fines de semana y nos llamábamos a diario entre las dos porque teníamos una conexión magnífica.
Hace un mes, le dije a mi marido que ya no le quería, que sentía que me perdía en nuestra relación y que necesitaba tiempo y espacio para pensar si quería seguir con nuestra relación. Él se sorprendió y aceptó irse con su madre unos días para que me aclarara. Ella me llamó llorando y me dijo que esto era un bache pero que lo podíamos superar, que buscásemos ayuda y que todo volvería a ser como antes. A medida que han ido pasando las semanas, he tenido más claro que no quiero volver con él y cuando se lo he dicho se ha quedado en shock. Horas después su madre venía a visitarme y me amenazaba con luchar a muerte con buenos abogados si no recapacitaba. Os prometo que no reconozco a esta mujer, es como si nunca hubiéramos estado unidas o nunca me hubiera querido. Siento que a la hora de la verdad, la sangre es la sangre y yo solo era alguien circunstancial en su vida.
