Muy buenas a todas. Os vengo a contar algo que me ha dejado un poco difusa en esta Semana Santa, que no me ha hecho entonces disfrutarla del todo como debería.
Mi suegra es súper cocinillas y siempre está haciendo recetas que les da a probar a sus hijos. Pues muy bien, esta Semana Santa, como no, ha hecho las típicas torrijas que a mí me encantan, pero a mi marido no le gusta demasiado el dulce y parecía suficiente motivo para que, por ello, la suegra decidiera no darle torrijas. Ha sido el único de sus hijos al que no le ha dado.
Pero se ve que esa señora se ha olvidado de que tiene nuera y nietos a los que sí les gusta el dulce y que, si les iba a dar a sus demás hijos, por lo menos por educación podría haberme dado a mí unas cuantas.
Pues nada, con la excusa de que a su hijo no le gusta el dulce se ha ahorrado mis torrijas y las de mis hijos, que por mi parte se las puede meter por donde le quepa, pero me ha sentado mal el detalle, ya que luego, a la hora de juntarnos todos, han hablado de lo ricas que estaban las torrijas y nosotros nos hemos quedado como pánfilos. Y la única excusa que ha dado la buena mujer ha sido que es que a su hijo no le gusta el dulce, que por eso no nos había dado.
Los niños se cogieron un berrinche, pero yo también, y lo cierto es que no tengo ganas de ver a la señora en un tiempo.
¿Estoy exagerando? Por favor, sed sinceros.
