No creo que haya ninguna historia donde la suegra se pinte bonita. Aquí va la mía.
Mi suegro se jubiló hace apenas dos años, y como si algún karma quisiera devolversela, una enfermedad incapacitante lo ha dejado encamado. Lo que empezó como pequeñas molestias se convirtió en la total dependencia de terceros: no puede levantarse, ducharse solo, ni siquiera vestirse. Es increíble cómo un hombre tan vital y fuerte ha quedado reducido a una cama, y verlo así tan rápido duele cada día.
Y mientras él está allí, luchando por conservar un mínimo de dignidad, mi suegra parece haberse reinventado.. Tiene un novio. Sí, lo sé, a su edad puede enamorarse, buscar compañía, sentirse viva. Lo entiendo racionalmente, pero emocionalmente me cuesta. Porque no es discreto, no es un romance que quede en su vida privada. No. Lo que más me jode es que te lo dice claramente: “quédate con tu padre por si necesita algo que yo quedo con Fulanito esta noche”.
Esa frase se repite cada vez con más frecuencia y naturalidad, al principio aún lo ocultaba un poco, pero a día de hoy tiene estos comentarios incluso delante de mi suegro, que aunque no pueda hablar se entera de todo.
Y lo peor es que no se limita a palabras, su novio también le da regalos, y ella a él, saliendo de la pensión de mi suegro, como si no hubiese más consecuencias, como si él, el enfermo, no contara.
Los regalos, las risas, los planes, mientras a su marido le cuesta hasta girarse en la cama sin ayuda. No quiero parecer cruel, sé que nadie es dueño de los sentimientos de nadie, pero escuece.
Y esta semana ya fue la gota que colmó el vaso, anuncian que se quieren ir de viaje unos días y quieren que pasemos nosotros esos días atendiendo a mi suegro. Me quedé helada la primera vez que lo escuché. Todo el peso de su enfermedad y dependencia recae de nuevo sobre nosotros, mientras ellos planean risas, excursiones y cenas románticas lejos, como si la vida de mi suegro fuese una carga. Que sí, que lo es y que nosotros estamos ahí para lo que haga falta, como hemos hecho desde que empezó a ponerse malo, pero esto es tener morro.
Lo más probable es que me digáis que es su vida y haga lo que quiera, pero deja de ser su vida en el momento que nos envuelve a nosotros y nos exige unos cuidados que le corresponden. Y si no, que se divorcie y de verdad viva su vida y ya seremos nosotros los que nos implicaremos al 100% porque sí nos correspondería.
Yo paso los días entrando y saliendo de su habitación, ayudando con la comida, el baño, los medicamentos. Miro a mi suegro y veo resignación mezclada con tristeza, y eso me rompe. Y miro a mi suegra y veo una sonrisa que no oculta culpa, pero tampoco remordimiento, mientras hace planes con su novio como si no hubiera nadie más.
A veces me pregunto si esto es lo que ella necesitaba, sentirse viva mientras su marido queda relegado a una cama. No quiero odiarla, de verdad que no quiero que el odio sea parte de esta casa, pero me duele.
Y así cada día, mientras nosotros hacemos la rutina diaria de cuidados, ellos planean risas y regalos en su vida que, al menos hasta ahora, no tiene límites para invadir la nuestra. Cada vez que escucho “hoy quedé con Fulanito, ocúpate de tu padre”, siento un nudo en el estómago que no se como remediar.
